miércoles, 28 de noviembre de 2012

Formación


           Cualquier persona dentro de nuestra sociedad necesita formarse, no sólo en sentido académico, sino más aún, en un plano más personal o profundo. Se trata de “adquirir progresivamente la forma” que nos haga hombres y mujeres plenos y libres, personas coherentes con los principios que defendemos, entregados a aquello que, a cada uno, nos ha robado el corazón.

         Para una hermana de la Consolación esa forma es Cristo (como para cualquier cristiano), pero más concretamente, Cristo consuelo y esperanza de los pobres, de los marginados, de “cualesquiera necesitados”. Ir adquiriendo esta forma (“configurarnos”) es tarea de toda la vida, de toda nuestra vida consagrada. Sin embargo, en el noviciado vivimos ese espacio y momento reservado exclusivamente para que la persona vaya tomando Su forma, la de Cristo.

         La oración, cómo no, es una de las principales herramientas para ello, pero además son necesarios otros “recursos”. El estudio, reflexión, puesta en común y oración de las Constituciones de la Congregación constituye la base de la formación del tiempo de noviciado. En Ellas, está recogido el estilo de vida de una hermana de la Consolación, la esencia de los votos de castidad, pobreza y obediencia según nuestro Carisma, nuestra vida fraterna, de oración, nuestro apostolado como servicio concreto a Dios y nuestros hermanos, y la organización del gobierno de nuestra familia religiosa para mejor buscar y hallar la voluntad de Dios. Uno de los mayores gozos es ir descubriéndose a una misma en esas palabras, poder encarnarlas en la propia vida, como si, desde siempre, estuvieran hechas para ti.

         Tenemos la gran suerte de poder completar la formación con distintos cursos impartidos por algunas hermanas, clases en la facultad de Teología, especialmente en materia de Teología Bíblica, Fundamental y Ético-Social, además de lo que familiarmente llamamos Inter (intercongregacional): encuentros semanales con otros jóvenes en formación de las diferentes Congregaciones y Ordenes religiosas con los que recibimos clases de diversas materias, siempre enfocadas a la vida religiosa: liturgia, Consejos evangélicos, lectura vocacional de la Palabra de Dios, valoración de la realidad desde la fe para fomentar nuestro compromiso, psicología. No sólo son formativas las clases, sino que el ambiente y el compartir fraterno son especialmente enriquecedores.

                   Por supuesto, no hay que olvidar que el día a día de la vida comunitaria, el aprender de las hermanas y de cualquier circunstancia completa ese proceso continuo que es ir adquiriendo la forma de Cristo, para entregar la vida como Él, por amor.
 
Imagen: cedida por: Iñaki de Erostegui

domingo, 18 de noviembre de 2012

Etapas de la formación en la vida Consagrada


-          ETAPAS DE FORMACIÓN (postulantado, noviciado, profesión de votos temporales, perpetuos)

Después de haber realizado un discernimiento y haber tomado la decisión de continuar por el camino que Dios te propone, si has descubierto que tu vocación es la vida religiosa, comienzan las etapas de formación.

Cada Congregación tiene sus particularidades, pero el camino es parecido. En nuestra Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, encontramos el siguiente itinerario:

 

-          Tiempo de discernimiento vocacional.

-          Postulantado. Es una etapa en la que se vive en una comunidad, compartiendo su vida y su misión apostólica. Se trata de un tiempo en el que vamos descubriendo la vida de oración, la vida fraterna y la misión propia de las hermanas. Se trata de vivir, compartir e ir vislumbrando si tu opción se va asentando y tomando fuerza. También hay un espacio importante para la formación y el acompañamiento. Trabajamos temas fundamentales que nos ayuden a profundizar en nuestra fe, a ser conscientes de todo lo que vamos viviendo y a elegir vivirlo teniendo como centro a Cristo. Su duración oscila entre un año y dos, en función de las circunstancias y situaciones concretas de cada persona.

-          Noviciado. Se trata de un tiempo de dos años en los que todo nuestro esfuerzo se concentra en ‘dejar a Dios’ que ponga los cimientos de nuestra vida entera: vivir con Él, como Él, hasta el final. Ello nos pide -como quien construye un edificio - quitar todo aquello que suponga un obstáculo en esos fundamentos. Es una etapa exigente y bien concentrada, en la cual dejamos de realizar actividades que podrían distraernos de cuanto hemos explicado. Dedicamos este tiempo a:

o   la vida de oración personal y comunitaria, que nos lleva a una adhesión cada vez mayor a la persona de Jesucristo, y a hallar en la fe compartida un importante impulso en nuestra vocación.

o   el conocimiento de las Constituciones de nuestra Congregación que nos muestran el estilo de vida de las hermanas

o   el estudio y profundización de la vida y obra de Santa María Rosa Molas i Vallvé, la mujer que fundó nuestra Congregación y que nos muestra el camino de entrega sin reservas como instrumentos de misericordia y consolación.

o   La vida comunitaria y el desarrollo de valores cada vez más evangélicos en nuestras relaciones y tareas cotidianas.

Es una comunidad donde conviven fraternamente las novicias junto a varias hermanas que colaboran en la formación y acompañamiento de las jóvenes. Además, realizamos estudios y actividades fuera del Noviciado lo cual comporta una gran riqueza para nosotras. Para conocer más esta etapa y nuestra vida, puedes indagar en los apartados más concretos de esta página que se refieren a la Comunidad Noviciado.

-          Profesión temporal. Terminado el tiempo de noviciado, que dura dos años, viene el momento esencial de este camino. Libremente elegimos vivir como Aquél que nos eligió. Elegimos dedicar nuestra vida a su servicio en nuestros hermanos más necesitados. Y lo proclamamos públicamente, ante la Iglesia y ante testigos, en una celebración eucarística. En la profesión temporal leemos la fórmula que contiene estos deseos ante la representante de nuestra familia religiosa: ella nos acoge con alegría como hermanas. Profesamos los votos religiosos (pobreza, castidad y obediencia) por un año, renovándolos cada año, en esa misma fecha. Poco a poco vamos haciendo esta entrega más consciente y libre; más humilde y confiada en manos del Señor, que nos da la capacidad de responderle. Así, después de seis años de profesión temporal optamos por firmar nuestro compromiso definitivo, nuestro AMÉN.

-          Profesión perpetua.  Cumplido un tiempo de la profesión perpetua se hacen públicamente los votos para toda la vida.

 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

UN REGALO PARA TODOS, NUESTRO CARISMA, CONSOLAR


  “Reaviva el carisma que hay en ti”
                                                    (2 Tim 1,6)

            ¡Cuántos regalos hemos recibido en nuestra vida! ¡Cuántos regalos hemos hecho!... Algunos son materiales, nos los ofrecen en un día significativo: cumpleaños, santo, aniversario, reyes... Cuando estos regalos llegan a nuestras manos ya han vivido muchos momentos intensos, han sido pensados, buscados con ilusión, preparados, adornados... pero sobre todo han sido “mimados” porque a través de ellos reflejamos el amor que  tenemos a la persona a la que vamos a hacerle el regalo. Cuando lo entregamos esperamos cualquier gesto que exprese la ilusión, la sorpresa, la alegría de la persona que recibe nuestro regalo. Observamos su cara, sus manos, sus gestos..., todo lo que nos pueda decir que le agrada nuestro obsequio y todo lo que pueda hacernos ver que también ella descubre en ese regalo nuestro amor.

            Hay otros regalos que no son materiales y que se nos ofrecen cada día: la vida, la fe, la amistad, la paz, la vocación, una sonrisa, una oración, un saludo, un detalle cariñoso... tantas y tantas cosas que se nos regalan y que podemos regalar. Quizá muchas veces no somos conscientes, pero también esperamos con ilusión estos regalos y notamos su ausencia cuando algo los oculta, o los empaña un poco.

            Durante siglos, desde la creación, Dios ha estado haciendo regalos a los hombres... un día deseó hacerle un gran regalo a una mujer, ella le había buscado desde que era niña, había querido recibirle en su casa y había luchado para que incluso le adelantaran este día, la fecha de su comunión, después le había entregado la vida, consagrándose a El, todo lo que hacía y vivía se lo regalaba a Dios y a los hombres, ella misma repetía: “Todo para gloria de Dios y bien de los hombres...”. Dios preparó con ilusión su regalo, el conocía el modo de hacerla feliz, porque sabía que a Mª Rosa Molas tenía que regalarle algo que pudiera ser para los demás y que además fuera universal, estaba seguro de que no se quedaría con su regalo y se lo daría a los hombres; sabía también que no podía ser algo material porque Mª Rosa vivía con lo estrictamente necesario, dicen de ella que no se permitía nada superfluo ni en su uso ni en su obsequio, por lo tanto debía buscar algo profundo y Dios pensó que el mejor regalo que podía ofrecerle era un carisma, un don al servicio de la Iglesia a la que ella amaba profundamente. Dios se sintió muy contento con su regalo y empezó a pensar cuál sería ese carisma...
            Pensó que lo que más necesitaban los hombres era alguien que les hablara al corazón, que tuviera misericordia de ellos, que pudiera comunicar su ternura... Entonces decidió que su regalo sería el carisma de CONSOLAR, el mismo había dicho por medio de su profeta “Consolad, consolad a mi pueblo, hablad al corazón del hombre”(Is 40,1)... buscó el momento oportuno y depositó su regalo en una caja especial, en el interior de Mª Rosa, no era un regalo que iba a abrir en un momento sino que lo iría descubriendo poco a poco, cuando sintiera la fuerza interior que la movía, cuando  pediría ser Hija de la Iglesia, cuando sus gestos y sus palabras hablaran al corazón del hombre, cuando se asociara al sacrificio de Cristo... en todos esos momentos Dios seguía contemplando los gestos y las manos de Mª Rosa que recibían con ilusión cada día el regalo de Dios.

            Como Dios suponía la Madre, como ahora la llamaban los hombres, no podía quedarse el regalo para ella y lo fue entregando primero a sus Hijas, después a los que vivían en la Casa de Misericordia, en los pueblos donde iban abriendo casa y obras apostólicas... y el regalo siguió vivo más allá de su muerte y el regalo sigue vive hoy entre nosotros.
            Cada uno desde esa perspectiva concreta vivimos el carisma de la Consolación. Pobres, enfermos, niños, encarcelados... pero esto no es suficiente, la fina intuición de la Madre, el amor, yo diría la pasión que siente por el hombre, no pueden conformarse necesita ir más allá, necesita ser universal, cualquier necesitado es sujeto de amor, cualquier necesitado tiene que ser consolado, no hay límites. La consolación, amor misericordioso de Dios al hombre, no puede tener límites, dice Pablo que la caridad es paciente, es servicial, no  busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra con la injusticia, se alegra con la verdad, todo lo cree, todo lo excusa, todo lo espera, todo lo soporta... Esto es lo que vivió la Madre y el regalo que nos hizo, todos los que estamos aquí, portadores del Carisma de la Madre, estamos llamados a consolar a cualquier otro necesitado, ¿nos hemos parado a pensar cuántos necesitados hay en nuestra familia, en nuestro colegio, en nuestro barrio?. Estamos llamados a ser Consolación en el aquí y en el ahora de nuestra vida y de nuestro mundo. 
            Nuestro regalo es universal, y por él lo que nosotros vivamos hoy, aquí y ahora, pasa a formar parte del carisma, enriquece la vida de nuestros hijos, amigos, compañeros y también la vida de toda la Iglesia y de toda la Congregación. Es este el sentido profundo del carisma que Dios nos ha regalado y que estamos llamados a reavivar.
 
-“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios” (Is. 40, 1).
-“Como un niño a quien su madre consuela así os consolaré yo...” (Is. 66,13)
-“Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder consolar a los que están en toda tribulación mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Cor 1, 3-4).
-“Todo para gloria de Dios y bien de los hombres, nada para nosotras”
-“Quien ha llegado a probar cuán dulce es Dios no puede dejar tan suave ejercicio”.
-“Abandonémonos en manos del Señor como un niño en brazos de su madre”.
-“En el calvario, a los pies de Cristo, se halla todo consuelo y alivio”.
-“Nada hay más hermoso en la tierra que las obras del Creador”.
            Esta es la esencia del Carisma de Consolar, Dios mismo que consuela al hombre a través de la Palabra, a través de su Palabra, y Dios que consuela al mundo a través de una mujer elegida como instrumento de misericordia y consolación. Ella, Mª Rosa Molas, nos invita hoy a seguir sus huellas, a ser hombres y mujeres que acogemos en nuestras vidas al Dios consolador para llevarlo a nuestras familias, a nuestra comunidad educativa, a nuestro trabajo, a nuestra diversión, a nuestras circunstancias personales...
            Hemos ido desenvolviendo nuestro regalo, profundizando hasta encontrar la piedra preciosa, os invito a que cerremos por un momento nuestros ojos... a imaginarnos que somos como esa caja... quizás un poco pobre, de cartón, pero en nuestro interior hay algo que da sentido auténtico a nuestra vida, ahí en lo más íntimo de nosotros, donde nadie puede acceder, está Dios, ahí en ese lugar que sólo Él conoce ha sembrado  en nosotros el carisma de Consolar y nos invita a hacerlo crecer, nos dice: consuela tú al corazón del hombre. Es una misión muy importante, es ser instrumentos para que Dios a través de nuestra vida pueda ser el Dios Consolador. Damos gracias a Dios por este regalo y terminamos nuestro encuentro, cantando el Himno de la Madre, nos ponemos de pie, gesto con el que expresamos que queremos reavivar el carisma que hay en nosotros y desde él ser regalo para nuestros hermanos.
 

lunes, 12 de noviembre de 2012

sábado, 10 de noviembre de 2012

Vivir para SIEMPRE

Pelicula

1.Sinopsis

A Sam, un niño de doce años, le apasionan las historias fantásticas. Quiere saberlo todo sobre ovnis y películas de miedo, aeronaves y fantasmas. También quiere saber qué se siente al tomar el primer trago de cerveza, al dar la primera calada a un cigarrillo y al besar a una chica. Quiere conocer las experiencias de los adolescentes, porque él seguramente no llegará a esa edad. Tiene leucemia, y aunque los adultos respondan ambiguamente a sus preguntas y eviten hablar de algunas cuestiones, él quiere conocerlo todo sobre la muerte. Dispuesto a averiguar las respuestas a las preguntas que nadie quiere contestar, decide escribir un libro, que es un diario personal, pero también una “investigación científica” llena de observaciones y reflexiones sobre sus inquietudes. (FILMAFFINITY)

2.¿Por qué “Vivir para siempre” es una película vocacional?

¿Cuál es el sentido de la muerte? ¿Cuál es el sentido de la vida? Son dos preguntas que van siempre juntas y que no podemos separar. Así nos lo muestra Gustavo Ron en esta película, basada en el libro de la cuáquera Sally Nicholls, titulado “Esto no es justo”, que ha sido un best sellers en muchos países y es libro de cabecera en las escuelas del Reino Unido.
Entonces cabe preguntarnos si Vivir para siempre es una película vocacional. Sí, respondemos, es una película profundamente vocacional, porque la primera vocación que todo hombre recibe de Dios es la de vivir y vivir en plenitud. Efectivamente, la obra de Gustavo Ron trata el tema de la leucemia infantil, pero lo hace desde una perspectiva vitalista, mostrando la lucha por vivir y hacerlo en las mejores condiciones posibles.
La película nos presenta cómo Sam, un niño de doce años con leucemia, vive su enfermedad y cómo se prepara para la muerte. Todas sus reflexiones las va plasmando en un videolibro con la idea de perpetuarse en él, como hacen los autores con sus obras.
La reflexión sobre la muerte gira en torno a las grandes preguntas que este misterio suscita en todo hombre. Pero ¿cómo lo vive un chico que tendría toda la vida por delante? Sam se pregunta: ¿porqué permite Dios que los niños enfermen?, ¿duele morirse?, ¿por qué tiene que morirse la gente?, ¿a dónde vas cuando te mueres?, ¿seguirá ahí el mundo cuando me vaya? Con estas preguntas de fondo, lo que más le desconcierta es la actitud de sus padres ante su enfermedad y su posible muerte. Parece que no estuvieran a la altura. Sam se encuentra sólo, no sabe con quién compartir las preguntas de su corazón. Sólo su amigo Félix, enfermo como él, puede entenderle aunque con una actitud mucho más crítica.
Ron consigue presentarnos una mirada a la muerte sin aspavientos ni frialdad ni lloriqueos, pero sí con humanidad y dulzura: esa es la intención del filme, alejarse tanto del realismo crudo como de la sensiblería vacua. Y lo consigue. Para ello, Ron se esfuerza en dar naturalidad a los diálogos entre niños y no poner en sus labios discursos pretenciosos ni moralejas paternalistas. La muerte se nos presenta como parta del ciclo vital.
La reflexión sobre la vida surge a partir de la invitación de la abuela de Sam a pensar en las cosas que les gustaría hacer antes de morir. Así los dos amigos hacen una lista de deseos, que para Sam son sólo deseos, no cosas reales. Pero a veces se trata de cosas simples que muestran el deseo de vivir y sentir como el adolescente que nunca llegarán a ser. Félix asumirá la misión de hacer que sus deseos se cumplan. En este sentido los dos niños intentan encontrar respuestas a aquellas grandes preguntas, mientras disfrutan de la vida, convirtiendo en una fascinante aventura cada uno de los pocos momentos que les quedan, pues es muy larga su lista de cosas que hacer antes de morir. En la cartelera de la película se puede leer: “Persigue tus sueños, cada minuto cuenta”. Y esta es la idea profunda: la de no desperdiciar ni un solo minuto de la vida que se nos ha dado como regalo, encontrando un sentido en las pequeñas cosas de cada día. Sólo así la vida y la muerte tendrán un sentido, sólo así se podrá descubrir que “las cosas son perfectas de principio a fin”.
Para terminar, valga este comentario de Jerónimo José Martín : A lo largo de todo el guión se desarrolla una profunda reflexión sobre el sentido de la vida, la muerte y el sufrimiento —de clara inspiración cristiana—, así como una reivindicación de la alegría de vivir —en las antípodas del hedonismo materialista dominante— y una preciosa exaltación de la familia como núcleo de solidaridad y realización personal. En este sentido, cabe destacar el arco dramático del personaje del padre —muy bien interpretado por Ben Chaplin—, desde su incómoda pasividad inicial hasta el conmovedor desenlace”.
¿Qué elementos podemos entresacar para un debate vocacional? En primer lugar podemos reflexionar sobre el sentido de la vida y de la muerte. La vida es un don de Dios, un regalo. Y por ello es la primera vocación: Dios nos ha creado para vivir como hijos suyos. Cabe preguntarse entonces sobre la manera que tengo de vivir, sobre las ganas de vivir, si realmente aprovecho este don de Dios o lo estoy echando a perder.
Otro tema interesante es el de los deseos. Hay que preguntarse por los deseos que hay en el fondo de nuestro corazón. Y como sabemos que vamos a morir, aunque morir sea lo más impreciso del mundo, conviene reflexionar de vez en cuando sobre lo que nos gustaría hacer antes de que nuestra vida llegue a su fin. ¿Qué es lo que me gustaría haber hecho antes de morir? Pero más interesante aún es la actitud de Félix que también nos interpela: ¿qué puedo hacer yo para que se cumplan los deseos de los demás?
 

Tomado de: http://cineyvocacion.org/vivir-para-siempre/

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La Fe



La fe no es tanto “creer lo que no se ve” cuanto fiarse plenamente de alguien. Si te fías de Dios, tienes fe; si te fías del plan que te propone, del estilo de vida al que te llama, del perdón con que te besa, y del cariño que te brinda, entonces tienes fe. Si pones tu vida en sus manos, confiando en que quiere lo mejor para ti y que no hay un camino de mayor felicidad que ése, entonces tienes fe.

Pero claro, probablemente haya que ser santo para ello. No hay mejor definición de la santidad que ésa: el que se fía totalmente de Dios, por amor. Entonces, ¿Qué podemos hacer nosotros, pobres en amor? Quizá renunciar a tan alta empresa; quizá pedir humildemente esa confianza; quizá fiarnos de personas que se fían; o quizá alzar nuestra mano a Dios, mirarle con cariño, y dejar que nos lleve a dar una vuelta por la vida.

lunes, 29 de octubre de 2012

¿Vocación yo?



       “VOCACIÓN”… esa palabra que en ocasiones nos confunde, muchas veces nos atrae y otras incluso nos abruma, queriendo eliminarla de nuestro vocabulario para no complicarnos la vida. Pero, ¿quién querría eliminar la posibilidad de alcanzar su sueño? Sí; para hablar de vocación, hablemos de SUEÑO.

Dios nos ha creado, nos ha amado y nos ha elegido primero (Jn. 15, 16). Cuando amas verdaderamente a alguien, sueñas con algo bueno, algo maravilloso para esa persona. Ése es el deseo, la Voluntad de Dios: que lleguemos a vivir junto a Él lo que ha soñado para cada uno de nosotros.

Y así, el Señor nos llama, nos sueña,… Esa llamada es la vocación. Por tanto, podemos decir que nuestra vocación será aquélla que, viviéndola, haga que podamos disfrutar del amor del Padre y amarlo con todas nuestras limitadas fuerzas, es decir, llevar a su plenitud ese Amor. De esta forma, viviremos la vida a la que hemos sido llamados, encontrando así nuestro sitio y el sentido de nuestra existencia,  de todo cuanto vivamos.

Lo importante para Dios no es ya todo lo bueno que hagamos, las actividades que realicemos, el tiempo invertido,… sino lo que somos (no es lo mismo hacer que ser). No se trata de la productividad, sino de vivirlo todo desde el lugar y la vocación a la que has sido llamado incluso “antes de formarte en el vientre de tu madre” (Jr. 1, 5).

Por eso, cada persona está llamada a responderle en una vocación concreta… ¿Te has preguntado cuál es la tuya?

 

sábado, 20 de octubre de 2012

"También vosotros daréis testimonio"



Aqui teneis el el video promocional del Congreso Nacional de Pastoral Juvenil que se hará en Valencia, los días del 1 al 4 de Noviembre 2012. Los jóvenes expresan en que creen y en que no puede creer. Disfrutarlo!!!

jueves, 11 de octubre de 2012

¿HAY UN LUGAR “HECHO PARA MÍ”? Las distintas vocaciones.



Cuando has descubierto que el Señor te está llamando a vivir en plenitud y cuando experimentas esas ganas de responder a su Voluntad, necesitas encontrar el sitio que te ha preparado. Sólo tienes que intentar identificarte en el mundo, soñarte amando a Dios en el hermano, teniendo claro que tienes una misión que te ha sido confiada: AMAR A DIOS, AMAR AL PRÓJIMO. Pero, ¿cómo llevar a cabo esta misión?

Aquí te mostramos una referencia de las distintas vocaciones de la Iglesia. Como verás, hemos desarrollado algo más la vocación a la vida consagrada porque es aquella que conocemos de “primera mano”.

 

LA VIDA CONSAGRADA


Esta opción tiene como fundamento el seguimiento radical de Jesucristo. Consiste en que el Amor al que quieres responder te impulsa a desear identificarte con Él por completo. Queremos prolongar en la historia el modo de vivir de Jesucristo.

Está claro que no puedes vivir en la misma época, historia, contexto (¡han pasado más de dos mil años!)…, pero sí que es posible intentar vivir como Él lo haría en nuestro tiempo, contexto y situación concreta. De acuerdo, no es fácil. Tal vez no consigamos alcanzar por completo el Ideal al que aspiramos, pero estamos en camino siempre y nuestros ojos están puestos en Él. Cristo es el centro de nuestra vida y hacia Él caminamos teniéndolo como Modelo. Este deseo te abre a un estilo de vida diferente, contracorriente, renunciando a algunas cosas que, sin dejar de ser buenas, no responden a lo que queremos convertir en el centro de nuestra vida: esa entrega total a Dios y a los hermanos, pilares donde nosotras descubrimos nuestra riqueza.

“La aportación específica que los consagrados/as ofrecen a la evangelización está en el testimonio de una vida totalmente entregada a Dios y a los hermanos… hacen visible, en su consagración y total entrega, la presencia amorosa y salvadora de Cristo… Cuanto más se vive de Cristo, tanto mejor se le puede servir en los demás, llegando hasta las avanzadillas de la misión y aceptando los mayores riesgos” (Vida Consagrada, nº 76)

Todo esto sólo es posible cuando te enamoras de tal manera de ese Alguien que sólo quieres vivir lo que Él vive, amar lo que Él y como Él ama, entregarte como Él lo sigue haciendo. Ésa es la locura de quien se enamora, ¿no?

Dentro de este estado de vida consagrada podemos diferenciar entre:

-          La vida contemplativa, cuya finalidad es permanecer junto al Señor en la oración, orientando su vida a la contemplación y a presentarle las necesidades de nuestro mundo.

-          La vida activa o apostólica. Éste es el estilo de vida de las Hermanas de la Consolación. Se trata de una entrega total a Dios a través de la oración, como fundamento en el que se sustentará nuestra acción, y a través del apostolado, donde perseguimos “atender a los profundos desconsuelos del hombre”. Todo ello viviendo en comunidad fraterna.

Esta vocación se vive a través de los votos de castidad, pobreza y obediencia. Además, no es algo general, sin “forma”, etéreo, sino que se concreta en un Carisma. Para nosotras, el carisma de la Consolación es el regalo del Espíritu, que nos impulsa y orienta nuestras acciones para vivir este sueño de Dios, abrazando esa entrega libremente para convertirnos en instrumentos de  su Consolación.
 
Además, existen otras formas de consagración como los Institutos de vida consagrada o las vírgenes consagradas que tienen otros matices.

SACERDOCIO


      Ésta es una vocación cuya finalidad es el servicio en la comunidad y para la comunidad. Su tarea, por tanto, es servir en nombre y en representación de Cristo en la comunidad (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 159)

Esta tarea se concreta en el anuncio de la Palabra de Dios, presidir las celebraciones litúrgicas y el gobierno de la comunidad.

El sacerdote quiere ser, con su servicio, el representante de Cristo en la tierra.

           VIDA LAICAL


Hay muchas personas cuya vocación está en un estilo de vida comprometido con la Iglesia, viviendo en este mundo desde Dios.

El laico/a vive la misión que el Señor le encomienda como sal y luz del mundo: su tarea tiene gran relevancia, ya sea a través del matrimonio, formando una familia cristiana o a través de un estilo de vida comprometido con las necesidades del mundo que le rodea, sin olvidar nunca que debe alimentarse constantemente de Dios, en un encuentro cada vez más personal con Él,  para que realmente viva este estado de vida como verdadera vocación.