viernes, 15 de noviembre de 2013

Un Carisma. Sentido de pertenencia




Hoy
14 de Noviembre
nuestro Instituto religioso
celebra el día del Carisma. Felicidades a tantas Hnas. que con su vida transparentan la Misericordia y la Consolación de Dios...
 
El sentido de pertenencia nace de la sensación de encontrarse a si mismo en un ca­risma, y señala —al mismo tiempo— el comienzo del camino de identificación. Es una intuición aún vaga al principio, pero que se hace cada vez más clara y precisa; viene del Espíritu y provo­ca esa mezcla de calma y tensión, típica de quien encuentra des­pués de haber buscado pero que sabe que debe seguir aún bus­cando; suscita atracción hacia el carisma porque éste es descu­bierto como la condición para ser uno mismo, como una parte de si que espera ser realizada y que, una vez realizada, dará el sen­tido de la plenitud interior y de la singularidad del propio yo.
Y es precisamente de esta atracción de la que nace, lenta­mente, la decisión de entregarse a tal proyecto. También a tra­vés de opciones precisas. Como la de entrar a formar parte de una familia religiosa en la que este carisma se expresa concre­tamente, incluso codificado como regla de vida, visible en la existencia de otras muchas personas que también en él han re­conocido el proyecto pensado por Dios para ellas, confirmado por la Iglesia como lectura auténtica de la palabra de Dios, rico en una historia y una tradición que revelan su vitalidad. Pero todo esto: regla, otras personas, historia, tradición,... es visto y sentido como algo a lo que se pertenece. Y nace, entonces, el sentido de pertenencia también al instituto, a la comunidad con­creta de hombres o mujeres con la que el individuo comparte este don del Espíritu. Sentido de pertenencia que no es, ni mu­cho menos, algo puramente sentimental, como una sensación gratificante de estar bien juntos, entre personas que se caen bien, para evitar la soledad o las preocupaciones responsabilizadoras de la vida de fuera. Ni tampoco hay que confundirlo con un sentido de pertenencia sectario-exclusivista, propio de quien tiene necesidad de apoyarse en el grupo para tener una imagen positiva de si mismo, cerrándose en él; ni, por otra parte, puede ser un sentido de pertenencia genérico-superficial, como si diese lo mismo pertenecer a un instituto que a otro, o como si la propia elección se debiera sólo a coincidencias fortuitas.
El verdadero sentido de pertenencia al instituto es el refle­jo del sentido de pertenencia al carisma, y es precisamente de este del que viene la capacidad de amar a la comunidad tal co­mo es, de sentirla como la propia nueva y verdadera familia, de acoger a los hermanos con toda su carga de limitaciones y debi­lidades, de dones y de achaques, decidiendo vivir juntos por­que, más allá de las diferencias y más fuerte que todas las mise­rias, está este proyecto común, pensado por Dios y confiado a cada uno para el bien de muchos. Un proyecto que —como he­mos visto— viviendo en comunidad se define siempre mejor y se puede apreciar en toda su riqueza. El carisma es como un vi­rus, todos dentro de la misma comunidad religiosa son sus «portadores»; no existen expertos, en el sentido estricto del tér­mino, porque cada uno ha recibido el mismo don del Espíritu y tiene el derecho-deber de dar su aportación insustituible y origi­nal para profundizar en él y descubrir sus inagotables riquezas.
Y es precisamente a esta fuente natural, además —se so­brentiende— de a la intuición originaria del fundador, a la que se hará siempre referencia para la actualización del carisma. Con­secuentemente, un instituto será tanto más actual y responderá ,mejor a la exigencias históricas cuanto más vivo sea el sentido de pertenencia de sus miembros. Cuando un religioso se consa­gra por la profesión de los votos, se confía al instituto y el insti­tuto se confía a él: de aquí se deriva una consecuencia impor­tante: cada uno se hace responsable del crecimiento de cada hermano y de la marcha del instituto en su conjunto. Sentido de pertenencia quiere decir vivir esta responsabilidad para crecer juntos en la fidelidad al plan de Dios.
Imagen: Irene  y Paula, Junioras del Instituto religioso Hnas. Ntra. de la Consolación.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario