sábado, 20 de julio de 2013

Nada hay más necesario

 
El episodio es algo sorprendente. Los discípulos que acompañan a Jesús han desaparecido de la escena. Lázaro, el hermano de Marta y María, está ausente. En la casa de la pequeña aldea de Betania, Jesús se encuentra a solas con dos mujeres que adoptan ante su llegada dos actitudes diferentes.
Marta, que sin duda es la hermana mayor, acoge a Jesús como ama de casa, y se pone totalmente a su servicio. Es natural. Según la mentalidad de la época, la dedicación a las faenas del hogar era tarea exclusiva de la mujer. María, por el contrario, la hermana más joven, se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Su actitud es sorprendente pues está ocupando el lugar propio de un “discípulo” que solo correspondía a los varones.
En un momento determinado, Marta, absorbida por el trabajo y desbordada por el cansancio, se siente abandonada por su hermana e incomprendida por Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano” . ¿Por qué no manda a su hermana que se dedique a las tareas propias de toda mujer y deje de ocupar el lugar reservado a los discípulos varones?
La respuesta de Jesús es de gran importancia. Lucas la redacta pensando probablemente en las desavenencias y pequeños conflictos que se producen en las primeras comunidades a la hora de fijar las diversas tareas: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán” .
En ningún momento critica Jesús a Marta su actitud de servicio, tarea fundamental en todo seguimiento a Jesús, pero le invita a no dejarse absorber por su trabajo hasta el punto de perder la paz. Y recuerda que la escucha de su Palabra ha de ser lo prioritario para todos, también para las mujeres, y no una especie de privilegio de los varones.
Es urgente hoy entender y organizar la comunidad cristiana como un lugar donde se cuida, antes de nada, la acogida del Evangelio en medio de la sociedad secular y plural de nuestros días. Nada hay más importante. Nada más necesario. Hemos de aprender a reunirnos mujeres y varones, creyentes y menos creyentes, en pequeños grupos para escuchar y compartir juntos las palabras de Jesús.
Esta escucha del Evangelio en pequeñas “células” puede ser hoy la “matriz” desde la que se vaya regenerando el tejido de nuestras parroquias en crisis. Si el pueblo sencillo conoce de primera mano el Evangelio de Jesús, lo disfruta y lo reclama a la jerarquía, nos arrastrará a todos hacia Jesús.
José Antonio Pagola.
21 de julio de 201316 Tiempo Ordinario (C)
Lucas 10, 38-42

viernes, 19 de julio de 2013

Busco una verdad


Todos andamos en busca de la verdad.
Deseamos la verdad, la buscamos,
la pedimos y la queremos para cada momento de nuestra vida.
Si tuviera que traducir esa búsqueda, la traduciría como un deseo de ser auténticos.
Deseo ante el Señor y ante todos vosotros, ser auténtico.
Quisiera que existiera una correspondencia entre los gestos y las palabras,
una correspondencia entre las palabras y las acciones,
una correspondencia entre las promesas y los cumplimientos,
una correspondencia entre lo que nosotros queremos ser
y lo que tratamos de ser y nos esforzamos por ser en nuestra vida cotidiana.

Deseamos la verdad, deseamos la autenticidad,
deseamos que, en nuestras palabras, gestos y acciones, todo lo que decimos y hacemos,
corresponda a lo que el Señor pone dentro de nosotros.
Que no haya rechazo,
que no exista diferencia ni distancia entre lo que sentimos y lo que vivimos.
Buscamos juntos la autenticidad, la deseamos y la queremos
en las relaciones de amistad, de fraternidad, en las relaciones cotidianas entre nosotros.

Busco, Señor, una verdad que sea genuina y pura como el agua,
que sea simple como el pan,
que sea clara como la luz,
que sea poderosa como la vida.

Busco una verdad que sea genuina y pura como el agua:
una verdad que no tenga que pedir prestada cada vez a unos y a otros,
a derecha y a izquierda;
una verdad para la que no tenga que referirme continuamente a modelos externos,
sino que me salga de dentro;
una verdad que continuamente se renueve en mí y en cada uno de nosotros
como se renueva continuamente, siempre nuevo y siempre igual,  el agua del manantial.

Busco una verdad que sea simple como el pan:
una verdad que se pueda tocar, que se pueda ver,
que no nos engañe, que no sea complicada ni difícil
y que, como el pan, pueda ser repartida, dividida y distribuida a otros.

Una verdad que nosotros podamos mirar a la cara, tocar, meditar
y acercarla a nosotros de manera sencilla.
No una verdad por la que estemos obligados a pensar continuamente
en qué consiste y qué significa, sino una verdad que, en sí misma, como el pan,
nos comunique su sustancia, su capacidad de nutrirnos, su realidad concreta e inmediata.

Busco una verdad que sea clara como la luz:
una verdad capaz de renovarse siempre, nunca cansada de sí misma;
una verdad que continuamente resurja de su propio cansancio,
de su propia desconfianza,
de su propio acomodo perezoso;
una verdad que continuamente reviva en nosotros,
que sea poderosa igual que la vida es poderosa.
Ésta es mi búsqueda, nuestra búsqueda, el deseo que pongo en común con vosotros
porque confío en que éste sea también vuestro deseo, nuestra búsqueda común.

Pero la verdad es débil.
Porque se necesita poco para oscurecerla y herirla.
Es débil en nosotros, porque nuestra fragilidad la pone constantemente en duda.
Es muy fácil ensuciar una fuente: basta echarle un puñado de tierra.
Es muy fácil cerrar los ojos y no ver la luz.
Es muy fácil, por desgracia, suprimir la vida:
basta un momento de odio, un arma en la mano,
basta una jeringuilla, bastan poquísimas cosas para suprimir una vida.

¡La verdad es frágil!
Frágil como el agua que discurre por la tierra y que cualquiera puede pisar.
Es frágil como el pan que se tira.
Es frágil como la luz que se puede no ver.
Es frágil porque está en manos frágiles,  en vasos de barro que somos nosotros.
Es frágil porque continuamente puede ser rota, partida, pisada, olvidada, traicionada...

Y nos dice Jesús de Nazareth:
Yo soy el agua viva que nunca se acaba y que apaga la sed,
yo soy el agua viva que brota hasta la vida eterna.
Yo soy el pan de vida. El que come de él no morirá.
Yo soy la luz que brilla en las tinieblas y que las tinieblas no pueden ocultar.
Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá
y todo el que vive en mí tendrá vida eterna.

Señor, tú eres mi verdad, tú eres la verdad del hombre.
Tú, Padre de Jesucristo, te has convertido en mi verdad,
y en el Espíritu, cada día, te haces verdad en mí.
Y tú eres el primero, Señor, en hacerme hombre y en el darme esta verdad.
Si tú me faltas, si tú te alejas, yo ni siquiera soy hombre,
soy como una piltrafa, como un náufrago que busca la salvación y no la encuentra,
un náufrago al borde de la muerte.
Señor, tu gracia, tu verdad, tu luz, me hacen hombre
y son ni gracia, mi verdad y mi luz.

Carlo María Martini

jueves, 18 de julio de 2013

Yo no quería ser Papa

     
 El Papa Francisco se reunió en el mes de junio con 9.000 estudiantes de las escuelas de jesuitas de Italia y  Albania y empezó diciéndoles que él no había querido ser Papa porque, a su juicio, si una persona quiere ser Papa es que no se quiere mucho.
"Pero ¿Tú sabes qué significa que una persona no se quiera mucho? Una persona que quiera ser Papa no se quiere mucho. No, yo no he querido ser Papa", contestó.
Además, en respuesta a la pregunta de una niña que ha querido saber por qué había renunciado a vivir en el Palacio apostólico y a un coche grande, el Papa Francisco ha subrayado que "no se trata sólo de algo que tenga que ver con la riqueza" sino que para él es "un problema de personalidad". Yo necesito vivir en medio de la gente y si viviera solo, aislado, no me sentaría bien. Esta pregunta me la hizo ya un profesor: '¿Por qué no va usted a vivir allí?' Y yo le contesté: 'Mire, profesor, por cuestiones psiquiátricas, eh?' Porque es mi personalidad. También el apartamento ese no es tan lujoso. Pero no puedo vivir solo ¿Me entiendes?".
No obstante, en cuanto al coche, ha indicado que sí tiene que ver con el hecho de "no tener tantas cosas y volverse un poco más pobre" porque, a su juicio, la pobreza que hay en el mundo es un “escandalo”. "En un mundo donde hay tantas riquezas, tantos recursos para dar de comer a todos, es imposible entender que haya tantos niños que pasan hambre, tantos niños sin educación, tantos pobres. La pobreza hoy es un grito", ha remarcado.
Además, en respuesta a una pregunta sobre sus amigos, Francisco ha indicado que sus amigos están a 14 horas de avión pero que tres ya se han acercado a verle y además se escriben y se quieren "mucho". En este sentido, ha destacado que "no se puede vivir sin amigos".
Por otro lado, atendiendo a la educación, el Papa Francisco ha destacado que "sin coherencia no es posible educar" porque un educador transmite "conocimientos, valores con sus palabras, pero repercutirá en los jóvenes si acompaña esas palabras con su ejemplo, con su coherencia de vida".
"Ante todo ¡sed personas libres", ha invitado a los casi 9.000 estudiantes presentes y ha explicado que "la libertad significa saber reflexionar" sobre todo lo que se hace. Así, les ha animado a no encerrarse en sí mismos sino a abrirse a los demás "especialmente a los pobres y necesitados, a trabajar para mejorar el mundo".
El País

martes, 16 de julio de 2013

El Señor es mi pastor, nada me falta.

 

El Señor es mi pastor;
nada me falta.

En verdes praderas me hace descansar,
a las aguas tranquilas me conduce,
me da nuevas fuerzas
y me lleva por caminos rectos,
haciendo honor a su nombre.
 
Aunque pase por el más oscuro de los valles,
no temeré peligro alguno,
porque tú, Señor, estás conmigo;
tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

Me has preparado un banquete
ante los ojos de mis enemigos;
has vertido perfume en mi cabeza,
y has llenado mi copa a rebosar. 

 Tu bondad y tu amor me acompañan
a lo largo de mis días,
y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré.

lunes, 15 de julio de 2013

“Maestro, ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”

 

Hace varios años, en una asamblea familiar en el barrio El Consuelo, leímos la parábola del buen samaritano que nos presenta la liturgia este domingo. Después de escuchar el texto bíblico, le pregunté a los presentes qué habían entendido. Una señora bastante mayor tomó la palabra y recapituló el contenido de la parábola diciendo: «Resulta que un hombre iba por un camino y fue asaltado por unos ladrones que lo dejaron medio muerto. Poco tiempo después pasó por allí un sacerdote y al ver al herido, dio un rodeo y siguió su camino. Luego pasó un jesuita e hizo lo mismo. Luego pasó un samaritano y se compadeció del herido, lo curó y lo ayudó». Todos los presentes quedamos impresionados con el excelente resumen que nos había hecho la señora. Lo único que hubo que corregir fue que el segundo personaje que dio un rodeo para esquivar al herido no había sido un jesuita sino un levita. Pequeña diferencia, pero significativa, teniendo en cuenta que yo estaba allí presente.
Cuando leemos esta parábola, tenemos la tentación de pensar en los malos que dieron un rodeo para no ayudar a este hombre. Su comportamiento nos parece el colmo. Nos escandalizamos interiormente de esa falta de sensibilidad y solidaridad. Lo que hizo el Espíritu Santo, a través de esta señora, fue proponerme la pregunta por mi prójimo de una manera cruda y directa. La pregunta me quedó clavada entre el corazón y las tripas. Eso mismo sintieron todos los presentes esa noche. Dios nos estaba invitando a revivir la escena, no desde la barrera, sino haciéndonos un personaje más, implicándonos vitalmente en la parábola. Tuvimos que reconocer que más de una vez habíamos seguido de largo ante los heridos que Dios había puesto en nuestro camino. Un pequeño lapsus que no dejó de cuestionarnos hondamente.
Junto a esto, hay otro elemento que me parece que suele perderse de vista con cierta facilidad al leer esta parábola. Normalmente pensamos que fue el buen samaritano el que salvó al herido. Sin embargo, aunque esto es parte de la verdad, no es sino la mitad de ella. La verdad completa es que el herido también salvó al samaritano, pues fue él quien hizo posible que este hombre, considerado despreciable por los judíos, hubiera permitido brotar de su interior lo mejor de sí mismo, haciéndose prójimo de su hermano maltratado y despojado por los bandidos. Podríamos decir que el sacerdote y el levita no se dejaron salvar por el herido. Despreciaron esta maravillosa oportunidad que Dios les daba para hacerse mejores seres humanos, a la medida de Dios.
No olvidemos que toda esta historia la contó Jesús para explicarle a un mañoso maestro de la ley, que venía a ponerlo a prueba para ver si sabía qué se debía hacer para alcanzar la vida eterna. El hombre sabía muy bien lo que debía hacer: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y ama a tu prójimo como a ti mismo”. Pero para enredar al Señor, le preguntó: “¿Y quién es mi prójimo?” Entonces vino la historia. Pidamos para que nosotros no nos vayamos a enredar con elucubraciones sobre quién es nuestro prójimo y reconozcamos que muchas veces hemos hecho rodeos para no encontrarnos con los prójimos malheridos que no sólo habríamos podido salvar, sino que se habrían podido convertir en nuestra mayor fuente de salvación.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

martes, 9 de julio de 2013

Quédate

Quédate… por si las sombras se alargan.
Para que las lágrimas no se derramen sobre tu ausencia,
para que no se apaguen las brasas del deseo,
para desentrañar juntos lenguajes ignotos,
para dejarme cautivar por tu hechizo,

para poblar de imágenes mis sueños,
para que mi corazón se acompase al tuyo,
para exponernos a la brisa de la intemperie,
para desterrar las palabras vacías,

para diluir la tristeza entre las nubes del olvido,
para afrontar la luna de mis noches y la penumbra de mis días,
para renacer a la ternura desde las entrañas del tiempo,
para desterrar la umbría del miedo,

para tenderme sobre la playa de tu cuerpo,
para reflejarme tal como soy en el espejo de tu pupila,
para fundir los hielos del desamor,
para palpar juntos la fragilidad de la vida,

para descifrar el don de la emoción,
para conducir mis labios hasta el sabor del beso,
para gozar de tu presencia inasible,
para emprender las sendas del asombro,

para que me guíes por el camino de regreso,
para no retener la claridad de tu mirada,
para que mi soledad sea compartida,
para que me escuches con atención conmovida,

para dar luz a mis callejones oscuros,
para que nuestro instante sea eterno,
para que mi esperanza no se transforme
en polvo y ceniza.

Miguel Ángel Mesa

sábado, 6 de julio de 2013

SIN MIEDO A LA NOVEDAD

 
El Papa Francisco está llamando a la Iglesia a salir de sí misma olvidando miedos e intereses propios, para ponerse en contacto con la vida real de las gentes y hacer presente el Evangelio allí donde los hombres y mujeres de hoy sufren y gozan, luchan y trabajan.
Con su lenguaje inconfundible y sus palabras vivas y concretas, nos está abriendo los ojos para advertirnos del riesgo de una Iglesia que se asfixia en una actitud autodefensiva: “cuando la Iglesia se encierra, se enferma”; “prefiero mil veces una Iglesia accidentada a una que esté enferma por encerrarse en sí misma”.
La consigna de Francisco es clara: “La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del Evangelio y a encontrarse con los demás”. No está pensando en planteamientos teóricos, sino en pasos muy concretos: “Salgamos de nosotros mismos para encontrarnos con la pobreza”.
El Papa sabe lo que está diciendo. Quiere arrastrar a la Iglesia actual hacia una renovación evangélica profunda. No es fácil. “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros, si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida según nuestros esquemas, seguridades y gustos”.
Pero Francisco no tiene miedo a la “novedad de Dios”. En la fiesta de Pentecostés ha formulado a toda la Iglesia una pregunta decisiva a la que tendremos que ir respondiendo en los próximos años: “¿Estamos decididos a recorrer caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheraremos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta?
No quiero ocultar mi alegría al ver que el Papa Francisco nos llama a reavivar en la Iglesia el aliento evangelizador que Jesús quiso que animara siempre a sus seguidores. El evangelista Lucas nos recuerda sus consignas. “Poneos en camino” . No hay que esperar a nada. No hemos de retener a Jesús dentro nuestras parroquias. Hay que darlo a conocer en la vida.
“No llevéis bolsas, alforjas ni sandalias de repuesto” . Hay que salir a la vida de manera sencilla y humilde. Sin privilegios ni estructuras de poder. El Evangelio no se impone por la fuerza. Se contagia desde la fe en Jesús y la confianza en el Padre.
Cuando entréis en una casa, decid : ”Paz a esta casa” . Esto es lo primero. Dejad a un lado las condenas, curad a los enfermos, aliviad los sufrimientos que hay en el mundo. Decid a todos que Dios está cerca y nos quiere ver trabajando por una vida más humana. Esta es la gran noticia del reino de Dios.
José Antonio Pagola
7 de julio de 201314 Tiempo Ordinario (C)
Lucas 10, 1-12. 17-20
 

miércoles, 3 de julio de 2013

Macacao, somos agua.


"Como el Padre y yo somos uno, así vosotros tenéis que ser uno"

Y qué le voy a hacer si yo amo lo diminuto.
Y qué le voy a hacer si yo no quiero que el océano sea tan profundo.
Y qué le voy a hacer si yo de pequeño encontré la fuerza de mi mundo.
Y qué le voy a hacer si yo, si yo pienso que ellos y nosotros sumamos uno;
qué le voy a hacer.
Y es que gota sobre gota somos olas que hacen mares.
Gotas diferentes, pero gotas todas iguales.
Y una ola viene y dice
Somos una marea de gente: todos diferentes remando al mismo compás.
Y es que somos una marea de gente: todos diferentes remando al mismo 
compás.
Y una ola viene y dice,
parece que te sigue,
y el mundo repite


Y qué le voy a hacer si yo nací en el mediterráneo.
Y qué le voy a hacer si yo perdí las gotas de tu llanto.
De tus gotas me inundé transparencias en mi sed, soñé torrenciales de amor y fe,
como lluvia de primavera borrando grietas, igualando mareas.
Y es que gota sobre gota somos olas que hace mares,
gotas diferentes pero gotas todas iguales
y una ola viene y dice
Somos una marea de gente: todos diferentes remando al mismo compás.
Y es que somos una marea de gente: todos diferentes remando al mismo 
compás.
Y una ola viene y dice,
parece que te sigue,
y el mundo repite

Macaco

lunes, 1 de julio de 2013

Experiencias que CAMBIAN LA VIDA.

 
Dice una canción de nuestra Hermana Inma Virseda, ahora misionera en Filipinas:
 
"Comer correr y trabajar, para ganar más para tener más. La vida pasa pronto algo más tiene que haber, que le sentido a nuestro existir. A cuantos vi, Pero no miré; A cuantos oí, pero no escuché. eres Jesucristo el sentido de Vivir, si amo pienso actúo igual que harías ..."
 
       Quizás resuma la experiencia de estas dos personas; Eric Abidal, que ha vencido al cáncer y su vida se ha transformado quitándole importancia a las cosas materiales que no la tienen, por ejemplo vendiendo sus coches para una fundación benéfica. Y María de Villota, que sufrió un grave accidente en julio y en el que perdió el ojo derecho, dio una emocionante rueda de prensa en la sede del Consejo Superior de Deportes."Lo más importante es estar viva. El ojo que he perdido me ha devuelto el norte.