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martes, 10 de diciembre de 2013

No tengas miedo de Montxo Armendáriz

PELÍCULA:
"No tengas miedo" (2011). Dirección: Montxo Armendáriz. Guion: Montxo Armendáriz; basado en un argumento de Montxo Armendáriz y María Laura Gargarella. Producción ejecutiva: Puy Oria. Fotografía: Álex Catalán. Montaje: Fernando Franco. Dirección artística: Julio Torrecilla. Vestuario: Nereida Bonmatí. Actores: Michelle Jenner (Silvia), Lluís Homar (padre de Silvia), Belén Rueda (madre de Silvia), Nuria Gago (Maite), Rubén Ochandiano (Toni), Cristina Plazas (psicóloga), Javier Pereira (Víctor).
El problema de la pederastia resuena dramática y frecuentemente como uno de los mayores escándalos de nuestro tiempo, aunque sus raíces se hunden en tierras más lejanas.
"Fue por casualidad. Tengo un grupo de amigos con los que me reúno cada cierto tiempo para cenar y, entre ellos, hay psicólogos. Uno de ellos comentó las secuelas que dejan los abusos a menores. Me llamó la atención el tema, y empecé leyendo el material que me pasaron, luego tratando con víctimas, abogados, psicólogos, durante un año y medio, investigando. También investigué en el Frogam, un foro de Internet en el que las víctimas hablan entre ellas. De hecho la historia es una mezcla de todas esas experiencias, pero basada en casos reales.
Yo quería huir del morbo que suele acompañar este tema, sin perder por ello la dureza de todas esas vidas destrozadas. Fue un trabajo muy duro, había momentos durante la investigación en los que tenía que tomarme descansos. Fue algo tremendo.»
Uno de los ámbitos más frecuentes y propicios es el de la propia familia, especialmente por parte de quienes están más cerca de la víctima. De quienes menos se suele sospechar. Donde menos se espera.
Silvia, unos padres distanciados, unos estudios que se resienten, cambios de costumbres y nuevas adicciones, compañeros y amistades que se van haciendo más cercanos, reacciones anómalas... ¿Qué oscura sombra se cierne sobre su vida?
«Había una necesidad de hacerla, es un tema muy desconocido, y el cine también tiene su parte de misión social: la de reflejar la realidad en la que vivimos. Me pareció muy
generoso por parte de Belén y de Lluís hacer unos papeles que no empatizarían en absoluto con el público. Aunque para ellos también suponía un reto.
La planificación se basaba en ponerse en la cara de la protagonista, y que el espectador la siguiera, por eso huimos del plano contraplano. Queríamos tenerla a ella como referencia siempre. Y por esto también elegí el formato Scope, porque es más amplio y abierto, y nos permitía tenerla a ella siempre presente, con el resto de la historia y personajes rodeándola.
Estoy de parte de la víctima, lógicamente. Pero no me gusta juzgar ni dar soluciones. Prefiero insinuar y que el espectador decida. No estigmatizar, ni caer en la morbosidad. Esa ambivalencia en muchos de los abusadores da miedo. Son personas que tienen (la mayoría) una distorsión de la realidad. Se transforman en el doctor Jeckyll. Y está claro que deben ser denunciados, juzgados y asistidos.»
Pistas para la reflexión:
1. ¿Cómo es Silvia? ¿Cómo exterioriza el malestar?
¿Cómo se muestra ante el padre? ¿De qué forma se desahoga?
¿Cómo afecta a los quehaceres? ¿Quiénes la apoyan?
2. ¿Cómo es el padre? ¿Por qué repite tanto las palabras del título?
¿Qué realidad ocultan? ¿Cómo interpreta las reacciones de la hija?
¿Es capaz de salir de ese laberinto? ¿En qué lo notamos?
3. ¿Refleja la película lo que sucede en nuestra sociedad? ¿Qué salida ofrece?
¿Es la idónea? ¿Cuál elegiríamos nosotros?
4. Si la relacionamos con «Te doy mis ojos (2003)» de Icíar Bollaín,
¿qué elementos comunes percibimos en ambas víctimas?
¿Se trata de problemas graves? ¿Cómo se afrontan en nuestra sociedad?
Augusto Fernández

sábado, 23 de noviembre de 2013

Pelicula: Katmandú, un espejo en el cielo.


 

«No es una biopic, esta mujer ha tenido una trayectoria muy larga, sigue trabajando, las cosas evolucionaron. Esto realmente recoge el principio, un principio que se parece pero que no refleja cien por cien lo que le pasó. Por ejemplo ella sí tuvo hijos y Laia no los tiene… Hay muchas cosas que no coinciden.


«Katmandú, un espejo en el cielo» (2011). Director: Icíar Bollaín. Guion: Icíar Bollaín; con la colaboración de Paul Laverty.

La directora Icíar Bollaín ya nos había adentrado en los problemas sociales bolivianos de la privatización del agua de Cochabamba en “También la lluvia (2010)”. Ahora nos lleva a la exótica Katmandú, la capital de Nepal.

Yo creo que el personaje es un poco naíf. Se hace el planteamiento de montar una escuela con sus ahorros y va encontrándose con problemas. Es una persona que no responde a ninguna ideología política, no pertenece a ninguna organización, no tiene tampoco una motivación religiosa… Entonces claro, se aproxima a esto de una manera absolutamente personal, kamikaze, por una conexión que hace con los niños. Ella también ha sido ‘paria’ de alguna manera y conecta con esos niños. Lo que a mí me parece bonito es cómo se va dando cuenta de que sola no puede, necesita ayuda. Tú como espectador ya dices ‘sola no va a poder’, y lo que ves es cómo ella se da cuenta. Es que querer cambiar toda una situación tú solo…

Es muy naïf. Tiene una parte de inocencia, pero esa inocencia tiene una doble cara: tiene por otra parte una energía y una vocación muy bonita, la de querer cambiar cosas. Otra cosa es cómo lo haga y si no lo haría mejor acompañada. Desde luego yo también me lo pregunto.”

La joven e idealista maestra catalana Laia quiere compartir sus conocimientos en una escuela local. Pero lo que se despliega ante ella es un mundo más amplio y sorprendente: las carencias educativas y económicas, la discriminación de las mujeres, el deseo de aprender y mejorar, el peso de las tradiciones, la necesidad de unas relaciones afectivas, el contraste de las mentalidades, las rupturas… Unido a lo que se quedó en la tierra natal y nunca se olvida.

¡A mí me fascinan los españoles por el mundo! Siempre que me los encuentro me encanta que me cuenten qué hacen allí, cómo viven… Españoles o lo que sean, podría ser también un holandés en Senegal. Yo creo que mostrar la gente en otro lugar es muy interesante, te obliga a muchas cosas. Piensas a veces, de forma un poco prepotente, que tu cultura es mejor, te encuentras con la otra, tienes que entenderla, tienes que aprender a no juzgarla. Yo creo que ese proceso es apasionante. Pero estas dos últimas películas la verdad es que me han encontrado a mí, no es que yo las haya pensado a priori. El guion anterior de Paul Laverty – También la lluvia-, me lo propuso, me pareció fabuloso, una aventura de película que valía mucho la pena. Y cuando estaba terminando También la lluvia, me vino el productor Larry Levene con esta propuesta, con el libro de Victoria Subirana, para hacer una adaptación, una inspiración, lo que quisiera… ¡Y me fui a Nepal! No había estado nunca, no se me había ocurrido nunca ir a Nepal, pero de repente me pareció muy atractivo.
 
«La mirada de Laia tiene que trasladar también al espectador la sorpresa y el descubrimiento de una cultura tan distinta, de un paisaje majestuoso y fascinante pero que esconde al mismo tiempo una realidad violenta y cruel para muchos de sus habitantes. Aquí tienes un centro de salud al que tienes derecho a ir en cualquier momento, porque tu madre está mal, tu hijo está mal, tú estás mal… Eso tiene un valor. Cuando ves allí que la gente no solamente tiene una mala sanidad sino que además la tiene que pagar, no solamente tiene una mala educación sino que tampoco es gratuita… Eso es una brecha insalvable, eso va a dejar atrás a una gran parte de la población, y el país tampoco va a salir de esa situación, siempre va a haber una masa que no pueda avanzar. La palanca de cambio social desde luego es la educación.»
Augusto Fernández

 

sábado, 22 de junio de 2013

El gran Milagro, película.


La primera película de animación sobre la Misa en 3D, 'El Gran Milagro', dirigida por el productor visual de 'Pocahontas', 'Hércules' o 'Buscando a Nemo', Bruce Morris, se estrenó el próximo 8 de marzo en 50 salas españolas, días antes del periodo de Primeras Comuniones, para explicar a los niños el significado de la Santa Misa.

   El film, de 70 minutos de duración, producido por Dos Corazones Films y distribuido por World Line Cinema, llega a la cartelera española tras su paso por las pantallas de México y EE.UU., y se plantea como una iniciativa en el marco del Año de la Fe convocado por el Papa Benedicto XVI.

   Esta cinta mexicana, musicalizada por Mark McKenzie, y ganadora del premio a la mejor banda sonora independiente de 2011 en los Hollywood Music Awards, cuenta la historia de Mónica, viuda y madre de un niño que echa mucho de menos a su marido y se refugia en el trabajo olvidando pasar más tiempo con su hijo; Chema, conductor de autobús con un hijo gravemente enfermo y escéptico ante los milagros; y Doña Cata, una señora mayor que se siente un poco sola y que a veces se escapa para ir a misa.

   Las vidas de estos tres personajes se cruzan cuando en un momento de crisis, se encuentran con sus Ángeles de la Guarda que les aconsejan abrir bien los ojos y compartir su dolor. En ese momento, se dan cuenta de que necesitan ir a la Iglesia y allí van descubriendo cómo "abrir su corazón" a Dios para que sus problemas se hagan más pequeños.

   El director de 'El Gran Milagro', Bruce Morris, destaca de la película su poder para mostrar la reconciliación del hombre con Dios y para recordar al hombre moderno "agobiado" que "se ha dejado llevar por la velocidad de la vida cotidiana" que "sus problemas no son el todo de su vida".

   Además, toda la historia está acompañada por una banda sonora compuesta por una orquesta de 80 piezas y un coro de 32 voces adultas y 18 infantiles. El coro de Libera, dirigido por Robert Prizeman, y los miembros de la Sinfónica de Vancouver y Seattle grabó en la capilla de la Universidad de Bastyr para conseguir la mejor acústica.

 No puedes dejar de ver esta película, te hará vivir la Eucaristías con otro sentido más profundo.

sábado, 18 de mayo de 2013

domingo, 5 de mayo de 2013

¿Amor?

 

 La laureada y aplaudida película de M. Haneke merece una reflexión, más antropológica que cinematográfica. Como mi comentario anticipa el final, he querido dejar pasar el tiempo para que los lectores ya la hayan visto.
Soy sólo un vulgar aficionado al cine y no entraré en análisis técnicos. Ha seducido a muchos la sobriedad del director y la interpretación de los dos actores. Sobre todo ella: me faltó tiempo para buscarla por internet en “Hiroshima mon amour”, y sufrir la inevitable comparación entre los dos rostros y los dos cuerpos: el de 1959 y el de 2012. También creo que las secuencias en que intervienen personajes distintos de ellos dos, aunque fueran necesarias no están del todo bien fundidas con el núcleo del filme (la visita del alumno concertista, la despedida de una cuidadora y hasta las visitas, imprescindibles, de la hija). Prescindiendo de estos detalles más técnicos quisiera hacer algunas observaciones que afectan más al guión o, quizá mejor, al fondo de la película.
Algún comentarista evocó la frase bíblica del Cantar de los cantares: “el amor es más fuerte que la muerte”. La película parece invertir esa afirmación para decirnos que la muerte es más fuerte que el amor. En cualquier caso nos encontramos ante una nueva aproximación entre “eros y thânatos”, pero ahora con carácter de oposición. En este sentido, la película resulta ser una refutación del fácil argumento de Epicuro contra la tragedia de la muerte (“no me afecta: porque cuando ella esté yo no estaré y mientras yo estoy ella no está”). Morir no es ausentarse plácidamente sino un ir gastándose constante. Eso da relieve al milagro de la vida que si, por un lado, parece firme autoafirmación (“siento la vida en mí sin transferencia, sin entrega posible” versificó Ridruejo), por otro lado es de una fragilidad increíble, cuya firmeza puede deshacerse en instantes y por detalles mínimos.
Porque ese milagro de la vida está íntimamente ligado al milagro del amor es por lo que amor y muerte se relacionan también estrechamente. Si Gabriel Marcel intuía que “amar a una persona es decirle: tú no puedes morirte”, Haneke muestra lo que hay de iluso en esa frase. No obstante, la mejor literatura ha polemizado con el pesimismo de Haneke: basta con leer el soberbio “Llibre d’absències” de Martí i Pol para atisbar que quizás el pesimismo del director alemán no tenga la última palabra. El protagonista de Amor no habría podido escribir esas páginas a su mujer. Ni tampoco aquellos versos de L. Panero: “te miro y pienso en las cosas – que no se acaban jamás – porque Dios las ha mirado – y no las puede olvidar.- Una noche cerraremos – nuestros ojos, lo demás – es del viento y de la espuma – pero el amor vivirá”.
El amor vivirá. Desde la apuesta por esa identidad del amor y la vida, identidad milagrosa dada la fragilidad de ambos en nosotros, surgen algunas preguntas al guión de la película que tienen que ver con el amor, y que justifican el interrogante que he puesto en el título. Por muy comprensible que sea, faltaba amor en la exigencia de ella: “prométeme que nunca me llevarás a un hospital”. En esa escena se me encendió una primera luz de alarma. Él se niega de entrada a esa promesa y, al final, la hace más forzado que amante: promete algo superior a sus fuerzas que me evocó la bravata de san Pedro ante Jesús (“aunque todos te abandonen, yo no”). Si el amor es un milagro y un regalo, no debemos atribuírnoslo olvidando nuestra pequeñez: porque luego Pedro negará a Jesús y el protagonista de la película vivirá su amor como un imperativo categórico que le ata más allá de sus fuerzas. Así se vuelve normal que acabe matándola; y resulta significativo que no le prepare una muerte dulce (que hubiera sido lo lógico) sino violenta: fruto más de su propia desesperación y falta de fuerzas que del deseo de evitarle dolor a ella. Esa escena del ahogo en que se ven las piernas de ella debatiéndose, con la resistencia normal de la vida ante todo ataque, me resulta de las más significativas de la película.
En la vida real (y esto me parece otro fallo de guión) él habría ido sintiendo que no podía más y era el momento de consultar a un amigo, cura, médico… en lugar de enquistarse en la obligación de su promesa. Quizás era el momento de quebrantar ésta con tranquila conciencia, y llevarla a un hospital, no sé (caben aquí varias posibilidades). En cualquier caso, la película no es una defensa de la eutanasia: puede ser leída como una lección de que amor y obligación no son lo mismo y crecen en proporciones inversas; o como una advertencia de que amar no es creerse omnipotente sino creer que se está recibiendo una fuerza maravillosa que no es propia y que nos desborda. Cuando no se viva así, estaremos todavía ante copias más o menos pálidas del amor.
Y esto merece ser puesto de relieve, porque nunca ahondaremos bastante en ese triple (¿trinitario?) misterio de vida, amor y muerte que tanto nos envuelve.
J. I. González Faus.

viernes, 22 de febrero de 2013

Amar Peligrosamente , Pelicula



       El cómodo mundo de Sarah Jordan (Angelina Jolie), una ingenua americana residente en Londres, da un vuelco cuando Nick Callahan (Clive Owen) se cuela en un baile para recaudar fondos y hace un apasionado alegato a favor de los niños hambrientos de África. Atraída por Nick y su causa, Sarah abandona las comodidades de su residencia londinense para viajar a aquel destrozado continente, decidida a ver la realidad del mundo y experimentar la pasión que Nick ha despertado en ella. Pero Sarah no tarda en darse cuenta de la dura realidad de la vida de Nick cuando ve las condiciones en las que trabaja. Asombrada por el peligro al que se enfrenta todos los días, Sarah se compromete cada vez más con este hombre cautivador y absolutamente entregado a su trabajo. Sarah regresa a Londres y se dedica a recaudar fondos mientras intenta resucitar su matrimonio...

sábado, 10 de noviembre de 2012

Vivir para SIEMPRE

Pelicula

1.Sinopsis

A Sam, un niño de doce años, le apasionan las historias fantásticas. Quiere saberlo todo sobre ovnis y películas de miedo, aeronaves y fantasmas. También quiere saber qué se siente al tomar el primer trago de cerveza, al dar la primera calada a un cigarrillo y al besar a una chica. Quiere conocer las experiencias de los adolescentes, porque él seguramente no llegará a esa edad. Tiene leucemia, y aunque los adultos respondan ambiguamente a sus preguntas y eviten hablar de algunas cuestiones, él quiere conocerlo todo sobre la muerte. Dispuesto a averiguar las respuestas a las preguntas que nadie quiere contestar, decide escribir un libro, que es un diario personal, pero también una “investigación científica” llena de observaciones y reflexiones sobre sus inquietudes. (FILMAFFINITY)

2.¿Por qué “Vivir para siempre” es una película vocacional?

¿Cuál es el sentido de la muerte? ¿Cuál es el sentido de la vida? Son dos preguntas que van siempre juntas y que no podemos separar. Así nos lo muestra Gustavo Ron en esta película, basada en el libro de la cuáquera Sally Nicholls, titulado “Esto no es justo”, que ha sido un best sellers en muchos países y es libro de cabecera en las escuelas del Reino Unido.
Entonces cabe preguntarnos si Vivir para siempre es una película vocacional. Sí, respondemos, es una película profundamente vocacional, porque la primera vocación que todo hombre recibe de Dios es la de vivir y vivir en plenitud. Efectivamente, la obra de Gustavo Ron trata el tema de la leucemia infantil, pero lo hace desde una perspectiva vitalista, mostrando la lucha por vivir y hacerlo en las mejores condiciones posibles.
La película nos presenta cómo Sam, un niño de doce años con leucemia, vive su enfermedad y cómo se prepara para la muerte. Todas sus reflexiones las va plasmando en un videolibro con la idea de perpetuarse en él, como hacen los autores con sus obras.
La reflexión sobre la muerte gira en torno a las grandes preguntas que este misterio suscita en todo hombre. Pero ¿cómo lo vive un chico que tendría toda la vida por delante? Sam se pregunta: ¿porqué permite Dios que los niños enfermen?, ¿duele morirse?, ¿por qué tiene que morirse la gente?, ¿a dónde vas cuando te mueres?, ¿seguirá ahí el mundo cuando me vaya? Con estas preguntas de fondo, lo que más le desconcierta es la actitud de sus padres ante su enfermedad y su posible muerte. Parece que no estuvieran a la altura. Sam se encuentra sólo, no sabe con quién compartir las preguntas de su corazón. Sólo su amigo Félix, enfermo como él, puede entenderle aunque con una actitud mucho más crítica.
Ron consigue presentarnos una mirada a la muerte sin aspavientos ni frialdad ni lloriqueos, pero sí con humanidad y dulzura: esa es la intención del filme, alejarse tanto del realismo crudo como de la sensiblería vacua. Y lo consigue. Para ello, Ron se esfuerza en dar naturalidad a los diálogos entre niños y no poner en sus labios discursos pretenciosos ni moralejas paternalistas. La muerte se nos presenta como parta del ciclo vital.
La reflexión sobre la vida surge a partir de la invitación de la abuela de Sam a pensar en las cosas que les gustaría hacer antes de morir. Así los dos amigos hacen una lista de deseos, que para Sam son sólo deseos, no cosas reales. Pero a veces se trata de cosas simples que muestran el deseo de vivir y sentir como el adolescente que nunca llegarán a ser. Félix asumirá la misión de hacer que sus deseos se cumplan. En este sentido los dos niños intentan encontrar respuestas a aquellas grandes preguntas, mientras disfrutan de la vida, convirtiendo en una fascinante aventura cada uno de los pocos momentos que les quedan, pues es muy larga su lista de cosas que hacer antes de morir. En la cartelera de la película se puede leer: “Persigue tus sueños, cada minuto cuenta”. Y esta es la idea profunda: la de no desperdiciar ni un solo minuto de la vida que se nos ha dado como regalo, encontrando un sentido en las pequeñas cosas de cada día. Sólo así la vida y la muerte tendrán un sentido, sólo así se podrá descubrir que “las cosas son perfectas de principio a fin”.
Para terminar, valga este comentario de Jerónimo José Martín : A lo largo de todo el guión se desarrolla una profunda reflexión sobre el sentido de la vida, la muerte y el sufrimiento —de clara inspiración cristiana—, así como una reivindicación de la alegría de vivir —en las antípodas del hedonismo materialista dominante— y una preciosa exaltación de la familia como núcleo de solidaridad y realización personal. En este sentido, cabe destacar el arco dramático del personaje del padre —muy bien interpretado por Ben Chaplin—, desde su incómoda pasividad inicial hasta el conmovedor desenlace”.
¿Qué elementos podemos entresacar para un debate vocacional? En primer lugar podemos reflexionar sobre el sentido de la vida y de la muerte. La vida es un don de Dios, un regalo. Y por ello es la primera vocación: Dios nos ha creado para vivir como hijos suyos. Cabe preguntarse entonces sobre la manera que tengo de vivir, sobre las ganas de vivir, si realmente aprovecho este don de Dios o lo estoy echando a perder.
Otro tema interesante es el de los deseos. Hay que preguntarse por los deseos que hay en el fondo de nuestro corazón. Y como sabemos que vamos a morir, aunque morir sea lo más impreciso del mundo, conviene reflexionar de vez en cuando sobre lo que nos gustaría hacer antes de que nuestra vida llegue a su fin. ¿Qué es lo que me gustaría haber hecho antes de morir? Pero más interesante aún es la actitud de Félix que también nos interpela: ¿qué puedo hacer yo para que se cumplan los deseos de los demás?
 

Tomado de: http://cineyvocacion.org/vivir-para-siempre/

martes, 1 de noviembre de 2011

MAS ALLA DEL CORAZON


COMENTARIO

DEBORAH YOUNGA
Viendo la invasión nazi a Polonia con los ojos de un niño, esta película describe su mundo de pesadillas en una mezcla de sentimentalismo profesional hollywoodesco y realismo europeo. El director Yurek Bogayevicz y otrps miembros del equipo de filmación y del reparto son polacos, mientras que Haley Joel Osment es un niño judío que se convierte en gentil y Willem Dafoe es un atormentado sacerdote que realiza una labor inusual y humana.
Osment muestra un inusual despliegue emocional desde la primera escena de apertura, como el joven Romek que es enviado por sus padres desde Cracovia fuera de la ciudad, a una familia del campo, que hará pasar al rubio niño judío como un sobrino, a pesar de las sospechas de los vecinos inescrupulosos. Por otro lado, el sacerdote de la aldea, entrena al niño en el catecismo católico mientras respeta su herencia judía, quizá un caso muy raro, pero conmovedoramente descripto.
Cuando la película se aparta de sus esterotipos, encuentra su equilibrio en el mundo de la niñez y sus desviaciones bizarras de tiempos de guerra. Los niños pasan sus días jugando un juego peligroso emulando a Jesús y sus discípulos. También son testigos de las crueles conductas de los nazis y el espectáculo de los judíos desesperados saltando de los trenes.
Osmont centra la película en la figura de Romek, en un meditado y elaborado retrato de su personaje. Dafoe con cierta disparidad, elabora su personaje del sacerdote, angustiado y desesperado en su intento, muchas veces inútil, por salvar las vidas de los judíos que buscan la salvación. Los actores polacos desempeña adecuadamente sus roles hablando en inglés, sorprendiendo positivamente al desarrollar el guión.
Una película acerca de las atrocidades de la guerra y los temores de la adolescencia, acerca del crecimiento, acerca de las terribles circunstancias de un niño judío que es ocultado por una familia de campesinos polacos para no caer en manos de los nazis y lo cría como si fuera su propio hijo. Se destaca que esta película no fue exhibida en Estados Unidos.