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viernes, 15 de noviembre de 2013

Un Carisma. Sentido de pertenencia




Hoy
14 de Noviembre
nuestro Instituto religioso
celebra el día del Carisma. Felicidades a tantas Hnas. que con su vida transparentan la Misericordia y la Consolación de Dios...
 
El sentido de pertenencia nace de la sensación de encontrarse a si mismo en un ca­risma, y señala —al mismo tiempo— el comienzo del camino de identificación. Es una intuición aún vaga al principio, pero que se hace cada vez más clara y precisa; viene del Espíritu y provo­ca esa mezcla de calma y tensión, típica de quien encuentra des­pués de haber buscado pero que sabe que debe seguir aún bus­cando; suscita atracción hacia el carisma porque éste es descu­bierto como la condición para ser uno mismo, como una parte de si que espera ser realizada y que, una vez realizada, dará el sen­tido de la plenitud interior y de la singularidad del propio yo.
Y es precisamente de esta atracción de la que nace, lenta­mente, la decisión de entregarse a tal proyecto. También a tra­vés de opciones precisas. Como la de entrar a formar parte de una familia religiosa en la que este carisma se expresa concre­tamente, incluso codificado como regla de vida, visible en la existencia de otras muchas personas que también en él han re­conocido el proyecto pensado por Dios para ellas, confirmado por la Iglesia como lectura auténtica de la palabra de Dios, rico en una historia y una tradición que revelan su vitalidad. Pero todo esto: regla, otras personas, historia, tradición,... es visto y sentido como algo a lo que se pertenece. Y nace, entonces, el sentido de pertenencia también al instituto, a la comunidad con­creta de hombres o mujeres con la que el individuo comparte este don del Espíritu. Sentido de pertenencia que no es, ni mu­cho menos, algo puramente sentimental, como una sensación gratificante de estar bien juntos, entre personas que se caen bien, para evitar la soledad o las preocupaciones responsabilizadoras de la vida de fuera. Ni tampoco hay que confundirlo con un sentido de pertenencia sectario-exclusivista, propio de quien tiene necesidad de apoyarse en el grupo para tener una imagen positiva de si mismo, cerrándose en él; ni, por otra parte, puede ser un sentido de pertenencia genérico-superficial, como si diese lo mismo pertenecer a un instituto que a otro, o como si la propia elección se debiera sólo a coincidencias fortuitas.
El verdadero sentido de pertenencia al instituto es el refle­jo del sentido de pertenencia al carisma, y es precisamente de este del que viene la capacidad de amar a la comunidad tal co­mo es, de sentirla como la propia nueva y verdadera familia, de acoger a los hermanos con toda su carga de limitaciones y debi­lidades, de dones y de achaques, decidiendo vivir juntos por­que, más allá de las diferencias y más fuerte que todas las mise­rias, está este proyecto común, pensado por Dios y confiado a cada uno para el bien de muchos. Un proyecto que —como he­mos visto— viviendo en comunidad se define siempre mejor y se puede apreciar en toda su riqueza. El carisma es como un vi­rus, todos dentro de la misma comunidad religiosa son sus «portadores»; no existen expertos, en el sentido estricto del tér­mino, porque cada uno ha recibido el mismo don del Espíritu y tiene el derecho-deber de dar su aportación insustituible y origi­nal para profundizar en él y descubrir sus inagotables riquezas.
Y es precisamente a esta fuente natural, además —se so­brentiende— de a la intuición originaria del fundador, a la que se hará siempre referencia para la actualización del carisma. Con­secuentemente, un instituto será tanto más actual y responderá ,mejor a la exigencias históricas cuanto más vivo sea el sentido de pertenencia de sus miembros. Cuando un religioso se consa­gra por la profesión de los votos, se confía al instituto y el insti­tuto se confía a él: de aquí se deriva una consecuencia impor­tante: cada uno se hace responsable del crecimiento de cada hermano y de la marcha del instituto en su conjunto. Sentido de pertenencia quiere decir vivir esta responsabilidad para crecer juntos en la fidelidad al plan de Dios.
Imagen: Irene  y Paula, Junioras del Instituto religioso Hnas. Ntra. de la Consolación.
 

martes, 10 de septiembre de 2013

Votos perpetuos, por toda mi vida



El Sábado 7 de septiembre, a las cinco de la tarde, vivimos uno de esos momentos en la historia que sólo pueden calificarse como extraordinarios. Extraordinarios no solo porque Virginia Barea y Mª Carmen Alfonso, dos hermanas jóvenes, digan al Señor; "Si para toda la vida" sino porque prometen fidelidad al Señor hoy para cumplirlo mañana, cuando los sentimientos pueden ser distintos de los que abrigan en la actualidad. Por eso prometer implica siempre riesgo, y a la vez ese riesgo constituye grandeza del que sabe prometer y cumplir lo prometido. Prometer supone estar siempre por encima de los avatares del tiempo y sobrevolarlos con soberanía de espíritu.

      Hacer  a Dios por todo el tiempo de sus vidas, los votos de castidad, pobreza y obediencia, según las Constituciones de la Congregación, no es otra cosa que vivir como Jesús vivió, es configurarse de tal modo con Cristo que uno no sepa dónde empieza Él y donde acabas tu...Decimos que "no es otra cosa", como si fuese tan fácil el vivir la vida que Jesús vivió que no necesitase de nuestra parte ese "humilde y perseverante esfuerzo por fijar en El la mente y el corazón..."

     "Atraída por la fuerza del Amor de Cristo, prometo seguirle en comunión fraterna con mis hermanas..." Sólo desde la fuerza del Amor de Cristo nuestra vida tiene un sentido de plenitud, un sabor a entrega generosa y eterna, llueva o salga el sol, sólo se puede ser fiel cuando no se convierte en aguantar sino en crear todos los días aquello que uno prometió un día.
 
 

miércoles, 12 de junio de 2013

Feliz día de Santa Mª Rosa Molas




...Era el 13 de abril de 1852. Las Hermanas son enviadas al hospital de la Santa cruz...Más que un hogar de Misericordia parece un hogar de Miseria...En el ambiente repicaban las campanas de Pascua.Las hermanas se pusieron a la obra y muy pronto el sol besó las camas blancas.Plantaron rosas y su perfume penetró por las salas a través de las ventanas abiertas.Curaron llagas y los enfermos volvieron curados a su casa.

Inundaron sus almas de luz y de gracia y muchos volaron sobre las alas de los ángeles al cielo.

Entre los enfermos se decía:


Un viejecito con el cuerpo llagado pensó:



Ella se las tocó delicadamente con su mano, como si fueran las manos de Jesús Crucificado.

Y la carne del viejecito se volvió blanca y blanda como la de un niño...

miércoles, 5 de junio de 2013

Vida de Santa Mª Rosa Molas, nuestra fundadora


      Hola a todos. Me llamo Ángela Sanfeliu y soy una de las hermanas que estuvo con Mª Rosa Molas cuando se fundo la Congregación de Hermanas de Ntra. Sra. de la Consolación. He venido para contaros cómo sucedió todo y para que conozcáis los lugares donde estuvo la Madre a la que tanto quiero y de la que tanto aprendí. Espero que os guste, que disfrutéis del recorrido y que aprovechéis para  empaparos del carisma que tan intensamente vivió y transmitió con su vida. Empaparos de su historia como esponjas, para que cuando os vayáis, derraméis como ella, misericordia y consolación allí donde estéis.
Nuestra Madre Fundadora, nació en Reus el 24 de marzo de 1815, la noche del jueves al viernes Santo. A los 16 años sintió la llamada del Señor a consagrarse totalmente a Él y al consuelo y alivio del necesitado. Pero su padre se opuso y tuvo que esperar diez años. Durante este tiempo, trabajaba en casa, visitaba a los enfermos del hospital todos los domingos y pasaba largos ratos de oración con su Dios. Una tarde de reyes, 6 de enero de 1841, dejó la casa paterna y fue al hospital de Reus para hacerse religiosa de la caridad. En este hospital pasó Mª Rosa tres años cuidando, como sólo un madre puede hacerlo, a los enfermos que allí llegaban. Decían de ella que “no había vacío que su caridad no llenase”.Del hospital fue trasladada a la Casa de Caridad de Reus, hasta el año 1849 en el que fue a Tortosa. Cuando la Madre llegó, la ciudad acababa de pasar tiempos muy duros e intentaba resurgir. El Ayuntamiento comenzó a emprender reformas que hicieran olvidar los malos tiempos (mejorando la iluminación y  los edificios,  fundando nuevos periódicos…).La economía de la ciudad se fundamentaba en la industria y la agricultura, y en ese momento sobretodo, en el comercio.Hasta la inauguración del ferrocarril Valencia- Tarragona, en 1868, ese comercio se realizaba a través de un vapor que unía Barcelona y Tortosa. También en uno de ellos saldría Mª Rosa con varias hermanas para fundar en Mora de Ebro.Tortosa, el escenario donde tanto amor sembró, día a día durante 27 años. Aquí madurará Mª Rosa muchas de sus intuiciones. Porque a la Madre le aguardarán en Tortosa años de fidelidad a lo que ha prometido a Dios; años de espera y de purificación; años de coherencia y de riesgo creador.


Riesgo creador, que pronto tuvo que emplear cuando el ayuntamiento de Tortosa,  pidió a la Corporación de Reus, que un grupo de hermanas se hiciese cargo de la Casa de Misericordia del barrio de Jesús, que estaba atravesando un estado lamentable por la desatención de los asilados. A la cabeza del grupo de hermanas fue Mª Rosa Molas, y con ellas llegó la Consolación, la limpieza, la luz, la alegría…  En poco tiempo cambiaron el lugar del tal forma, que todos comentaban cómo aquella casa de miseria, se había transformado en una verdadera casa de misericordia. Un señor afirmó: “Estas mujeres, o son santas o son brujas” Esta casa está junto a la Casa Madre. Aún se conserva su fachada y las escaleras que accedían al interior. Viendo los buenos resultados, en 1851, el ayuntamiento encargó a la Madre la dirección de una escuela pública en la ciudad de Tortosa. Fue uno de los mejores centros educativos de la provincia de Tarragona. Mª Rosa, en este tiempo de revuelo y problemas se preparó y se examinó para obtener el título de maestra. Con sus visitas diarias, estaba al frente de la escuela, animando y orientando a hermanas y alumnas. Si pasaremos por la calle donde estuvo esta escuela  veremos lo que queda de la fachada de lo que fue, en el mismo lugar años después, un instituto. Justo en frente podremos ver lo que fue la escuela privada que abrimos tras abandonar la escuela pública en la que no podíamos ofrecer a las niñas la educación cristiana que deseábamos para ellas.  Ya en ausencia de la Madre, este colegio privado se trasladó a la calle De la Rosa. Y actualmente, las hermanas siguen comprometidas con la educación en un colegio en Tortosa. En 1852,  nos llamaron desde el hospital de Tortosa, cuya precaria asistencia y fuerte descuido de los enfermos, reclamaban la presencia de corazones caritativos. Actualmente el hospital está en una parte de la antigua casa de Misericordia. Y lo que antes era el Hospital, son ahora los juzgados. Cada día, Mª Rosa Molas cruzó el puente de Barcas  para llevar el amor de Dios de la Casa de Misericordia de Jesús al Hospital y la Escuela de Tortosa. Recorrió a diario un camino polvoriento y unas calles empinadas para visitar las tres casas. Y sus pasos, sus gestos, sus palabras… ella, fueron el testimonio de una Presencia, la de Dios.Estando en Tortosa, Mª Rosa Molas y todas nosotras verificamos algo que veníamos sospechando desde hacía tiempo, la Corporación a la que pertenecíamos estaba totalmente separada de la Iglesia, Sor Estivill, nuestra Superiora General entonces, había roto todo vínculo con la Iglesia, dos años antes de que la Madre hubiera ingresado en la Corporación de Reus, en la que estuvo 16 años. En Mª Rosa había un deseo de cumplir la voluntad de Dios manifestada en el sentir de la Iglesia. Intentó primero que la Corporación se uniera a la Iglesia pero sus esfuerzos de reconciliación no fueron aceptados.No pudiendo sufrir por más tiempo esta orfandad espiritual en la que nos encontrábamos, nos reunimos y tomamos la difícil decisión de romper con la Corporación de Reus e iniciar una nueva fundación. Las cosas sucedieron así: El 14 de marzo de 1857 las 12 hermanas de Tortosa solicitamos la acogida, protección y dirección espiritual de la Iglesia.El 2 de Abril, el ayuntamiento nos confirmó que podíamos permanecer en los lugares donde ejercíamos nuestra misión. Es decir, en la Casa de la Misericordia, el Hospital y la Escuela.Y uno de los días más emocionantes fue el 14 de Noviembre de 1858, en el que recibimos oficialmente el nombre  de la Congregación: a partir de entonces seríamos Hermanas de Ntra. Sra. de la Consolación. El resto de la vida de la Madre transcurrió en Tortosa, donde encarnó para los más necesitados la misericordia de Jesús día a día, pero también abrió nuevas casas fuera de esta ciudad. Y aunque el 11 de Junio de 1876 abandonó este mundo, a partir de aquel día vive con más intensidad. En las Hermanas de la Consolación y en todas aquellas personas que comparten el carisma. Quienes siguen sus huellas nunca están solos, nunca actúan solos. La Madre va siempre, está siempre con ellos, de una forma natural. Sencillamente la Madre está, la Madre sale al paso siempre, camina codo a codo con ellos.





sábado, 25 de mayo de 2013

UN REGALO PARA TODOS



“Reaviva el carisma que hay en ti” 
                                                 (2 Tim 1,6)

            ¡Cuántos regalos hemos recibido en nuestra vida! ¡Cuántos regalos hemos hecho!... Algunos son materiales, nos los ofrecen en un día significativo: cumpleaños, santo, aniversario, reyes... Cuando estos regalos llegan a nuestras manos ya han vivido muchos momentos intensos, han sido pensados, buscados con ilusión, preparados, adornados... pero sobre todo han sido “mimados” porque a través de ellos reflejamos el amor que  tenemos a la persona a la que vamos a hacerle el regalo. Cuando lo entregamos esperamos cualquier gesto que exprese la ilusión, la sorpresa, la alegría de la persona que recibe nuestro regalo. Observamos su cara, sus manos, sus gestos..., todo lo que nos pueda decir que le agrada nuestro obsequio y todo lo que pueda hacernos ver que también ella descubre en ese regalo nuestro amor.

            Hay otros regalos que no son materiales y que se nos ofrecen cada día: la vida, la fe, la amistad, la paz, la vocación, una sonrisa, una oración, un saludo, un detalle cariñoso... tantas y tantas cosas que se nos regalan y que podemos regalar. Quizá muchas veces no somos conscientes, pero también esperamos con ilusión estos regalos y notamos su ausencia cuando algo los oculta, o los empaña un poco.

            Os invito a imaginar a Dios preparándonos un regalo, ¡cuánta ilusión! ¡cuánto amor!... Si cuanto más conocemos a una persona y más la queremos, más podemos acertar en el regalo que ella desearía, ¡cuánto más puede hacerlo Dios que nos ama y que nos conoce hasta en lo más íntimo de nosotros mismos!, dice el profeta Jeremías que ya antes que hubiésemos nacido El nos conocía. Seguimos imaginando y descubrimos a Dios que nos mira, que observa la alegría, la ilusión, la sorpresa, el agradecimiento con que recibimos su regalo.

            Durante siglos, desde la creación, Dios ha estado haciendo regalos a los hombres... un día deseó hacerle un gran regalo a una mujer, ella le había buscado desde que era niña, había querido recibirle en su casa y había luchado para que incluso le adelantaran este día, la fecha de su comunión, después le había entregado la vida, consagrándose a El, todo lo que hacía y vivía se lo regalaba a Dios y a los hombres, ella misma repetía: “Todo para gloria de Dios y bien de los hombres...”. Dios preparó con ilusión su regalo, el conocía el modo de hacerla feliz, porque sabía que a Mª Rosa Molas tenía que regalarle algo que pudiera ser para los demás y que además fuera universal, estaba seguro de que no se quedaría con su regalo y se lo daría a los hombres; sabía también que no podía ser algo material porque Mª Rosa vivía con lo estrictamente necesario, dicen de ella que no se permitía nada superfluo ni en su uso ni en su obsequio, por lo tanto debía buscar algo profundo y Dios pensó que el mejor regalo que podía ofrecerle era un carisma, un don al servicio de la Iglesia a la que ella amaba profundamente. Dios se sintió muy contento con su regalo y empezó a pensar cuál sería ese carisma...

            Pensó que lo que más necesitaban los hombres era alguien que les hablara al corazón, que tuviera misericordia de ellos, que pudiera comunicar su ternura... Entonces decidió que su regalo sería el carisma de CONSOLAR, el mismo había dicho por medio de su profeta “Consolad, consolad a mi pueblo, hablad al corazón del hombre”(Is 40,1)... buscó el momento oportuno y depositó su regalo en una caja especial, en el interior de Mª Rosa, no era un regalo que iba a abrir en un momento sino que lo iría descubriendo poco a poco, cuando sintiera la fuerza interior que la movía, cuando  pediría ser Hija de la Iglesia, cuando sus gestos y sus palabras hablaran al corazón del hombre, cuando se asociara al sacrificio de Cristo... en todos esos momentos Dios seguía contemplando los gestos y las manos de Mª Rosa que recibían con ilusión cada día el regalo de Dios.

            Como Dios suponía la Madre, como ahora la llamaban los hombres, no podía quedarse el regalo para ella y lo fue entregando primero a sus Hijas, después a los que vivían en la Casa de Misericordia, en los pueblos donde iban abriendo casa y obras apostólicas... y el regalo siguió vivo más allá de su muerte y el regalo sigue vive hoy entre nosotros...El Carisma de la Consolación.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

UN REGALO PARA TODOS, NUESTRO CARISMA, CONSOLAR


  “Reaviva el carisma que hay en ti”
                                                    (2 Tim 1,6)

            ¡Cuántos regalos hemos recibido en nuestra vida! ¡Cuántos regalos hemos hecho!... Algunos son materiales, nos los ofrecen en un día significativo: cumpleaños, santo, aniversario, reyes... Cuando estos regalos llegan a nuestras manos ya han vivido muchos momentos intensos, han sido pensados, buscados con ilusión, preparados, adornados... pero sobre todo han sido “mimados” porque a través de ellos reflejamos el amor que  tenemos a la persona a la que vamos a hacerle el regalo. Cuando lo entregamos esperamos cualquier gesto que exprese la ilusión, la sorpresa, la alegría de la persona que recibe nuestro regalo. Observamos su cara, sus manos, sus gestos..., todo lo que nos pueda decir que le agrada nuestro obsequio y todo lo que pueda hacernos ver que también ella descubre en ese regalo nuestro amor.

            Hay otros regalos que no son materiales y que se nos ofrecen cada día: la vida, la fe, la amistad, la paz, la vocación, una sonrisa, una oración, un saludo, un detalle cariñoso... tantas y tantas cosas que se nos regalan y que podemos regalar. Quizá muchas veces no somos conscientes, pero también esperamos con ilusión estos regalos y notamos su ausencia cuando algo los oculta, o los empaña un poco.

            Durante siglos, desde la creación, Dios ha estado haciendo regalos a los hombres... un día deseó hacerle un gran regalo a una mujer, ella le había buscado desde que era niña, había querido recibirle en su casa y había luchado para que incluso le adelantaran este día, la fecha de su comunión, después le había entregado la vida, consagrándose a El, todo lo que hacía y vivía se lo regalaba a Dios y a los hombres, ella misma repetía: “Todo para gloria de Dios y bien de los hombres...”. Dios preparó con ilusión su regalo, el conocía el modo de hacerla feliz, porque sabía que a Mª Rosa Molas tenía que regalarle algo que pudiera ser para los demás y que además fuera universal, estaba seguro de que no se quedaría con su regalo y se lo daría a los hombres; sabía también que no podía ser algo material porque Mª Rosa vivía con lo estrictamente necesario, dicen de ella que no se permitía nada superfluo ni en su uso ni en su obsequio, por lo tanto debía buscar algo profundo y Dios pensó que el mejor regalo que podía ofrecerle era un carisma, un don al servicio de la Iglesia a la que ella amaba profundamente. Dios se sintió muy contento con su regalo y empezó a pensar cuál sería ese carisma...
            Pensó que lo que más necesitaban los hombres era alguien que les hablara al corazón, que tuviera misericordia de ellos, que pudiera comunicar su ternura... Entonces decidió que su regalo sería el carisma de CONSOLAR, el mismo había dicho por medio de su profeta “Consolad, consolad a mi pueblo, hablad al corazón del hombre”(Is 40,1)... buscó el momento oportuno y depositó su regalo en una caja especial, en el interior de Mª Rosa, no era un regalo que iba a abrir en un momento sino que lo iría descubriendo poco a poco, cuando sintiera la fuerza interior que la movía, cuando  pediría ser Hija de la Iglesia, cuando sus gestos y sus palabras hablaran al corazón del hombre, cuando se asociara al sacrificio de Cristo... en todos esos momentos Dios seguía contemplando los gestos y las manos de Mª Rosa que recibían con ilusión cada día el regalo de Dios.

            Como Dios suponía la Madre, como ahora la llamaban los hombres, no podía quedarse el regalo para ella y lo fue entregando primero a sus Hijas, después a los que vivían en la Casa de Misericordia, en los pueblos donde iban abriendo casa y obras apostólicas... y el regalo siguió vivo más allá de su muerte y el regalo sigue vive hoy entre nosotros.
            Cada uno desde esa perspectiva concreta vivimos el carisma de la Consolación. Pobres, enfermos, niños, encarcelados... pero esto no es suficiente, la fina intuición de la Madre, el amor, yo diría la pasión que siente por el hombre, no pueden conformarse necesita ir más allá, necesita ser universal, cualquier necesitado es sujeto de amor, cualquier necesitado tiene que ser consolado, no hay límites. La consolación, amor misericordioso de Dios al hombre, no puede tener límites, dice Pablo que la caridad es paciente, es servicial, no  busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra con la injusticia, se alegra con la verdad, todo lo cree, todo lo excusa, todo lo espera, todo lo soporta... Esto es lo que vivió la Madre y el regalo que nos hizo, todos los que estamos aquí, portadores del Carisma de la Madre, estamos llamados a consolar a cualquier otro necesitado, ¿nos hemos parado a pensar cuántos necesitados hay en nuestra familia, en nuestro colegio, en nuestro barrio?. Estamos llamados a ser Consolación en el aquí y en el ahora de nuestra vida y de nuestro mundo. 
            Nuestro regalo es universal, y por él lo que nosotros vivamos hoy, aquí y ahora, pasa a formar parte del carisma, enriquece la vida de nuestros hijos, amigos, compañeros y también la vida de toda la Iglesia y de toda la Congregación. Es este el sentido profundo del carisma que Dios nos ha regalado y que estamos llamados a reavivar.
 
-“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios” (Is. 40, 1).
-“Como un niño a quien su madre consuela así os consolaré yo...” (Is. 66,13)
-“Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder consolar a los que están en toda tribulación mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Cor 1, 3-4).
-“Todo para gloria de Dios y bien de los hombres, nada para nosotras”
-“Quien ha llegado a probar cuán dulce es Dios no puede dejar tan suave ejercicio”.
-“Abandonémonos en manos del Señor como un niño en brazos de su madre”.
-“En el calvario, a los pies de Cristo, se halla todo consuelo y alivio”.
-“Nada hay más hermoso en la tierra que las obras del Creador”.
            Esta es la esencia del Carisma de Consolar, Dios mismo que consuela al hombre a través de la Palabra, a través de su Palabra, y Dios que consuela al mundo a través de una mujer elegida como instrumento de misericordia y consolación. Ella, Mª Rosa Molas, nos invita hoy a seguir sus huellas, a ser hombres y mujeres que acogemos en nuestras vidas al Dios consolador para llevarlo a nuestras familias, a nuestra comunidad educativa, a nuestro trabajo, a nuestra diversión, a nuestras circunstancias personales...
            Hemos ido desenvolviendo nuestro regalo, profundizando hasta encontrar la piedra preciosa, os invito a que cerremos por un momento nuestros ojos... a imaginarnos que somos como esa caja... quizás un poco pobre, de cartón, pero en nuestro interior hay algo que da sentido auténtico a nuestra vida, ahí en lo más íntimo de nosotros, donde nadie puede acceder, está Dios, ahí en ese lugar que sólo Él conoce ha sembrado  en nosotros el carisma de Consolar y nos invita a hacerlo crecer, nos dice: consuela tú al corazón del hombre. Es una misión muy importante, es ser instrumentos para que Dios a través de nuestra vida pueda ser el Dios Consolador. Damos gracias a Dios por este regalo y terminamos nuestro encuentro, cantando el Himno de la Madre, nos ponemos de pie, gesto con el que expresamos que queremos reavivar el carisma que hay en nosotros y desde él ser regalo para nuestros hermanos.