martes, 12 de marzo de 2013

El Padre Bueno


El texto del Evangelio de Lucas que corresponde a este 4º domingo de cuaresma, deja claro que el Dios de que habla es un Dios de misericordia que da la bienvenida a los pecadores arrepentidos y los acoge. Tratar y comer con gente de mala reputación no contradice su enseñanza sobre Dios, al contrario, hace que esa enseñanza se pueda vivir en la vida diaria. Si Dios perdona a los pecadores, aquellos que tienen fe tendrán que hacer lo mismo. Si Dios acoge a los pecadores en su casa, aquellos que confían en Dios también tendrán que hacerlo. Si Dios es misericordioso, los que aman a Dios tendrán que ser misericordiosos.
El Dios que Jesús anuncia, y en el nombre del cual actúa, es el Dios de la misericordia, el Dios que se ofrece como ejemplo y modelo de comportamiento humano. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. Ese es el núcleo del mensaje del Evangelio. Estamos llamados a amar a los seres humanos del mismo modo que Dios ama. Para llegar a ser como el Padre, Jesús es el modelo que tenemos que seguir. Su persona es más importante que el contexto de la parábola y de la parábola en sí. Es el verdadero Hijo del Padre. En él habita toda la plenitud de Dios. Todo el conocimiento de Dios reside en él, toda la gloria de Dios permanece en él; todo el poder de Dios le pertenece. Su unidad con el Padre es tan íntima y compartida que ver a Jesús es ver al Padre. Muéstranos al Padre, le dice Felipe. Jesús responde: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. Jesús nos enseña en qué consiste la verdadera condición de hijo. Es el hijo pequeño sin ser rebelde. Es el hijo mayor sin ser rencoroso. Es obediente al Padre en todo, pero no es su esclavo. Escucha todo lo que le dice el Padre. Pero eso no lo convierte en su criado. Hace todo lo que el Padre le dice que haga, pero es completamente libre. Lo da todo y lo recibe todo. Todo lo que el Padre hace, lo hace igualmente el Hijo.
EVANGELIO (Lc 15, 1-3; 11-32) El Padre Bueno, el hijo Prodigo...
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos:
- Ese acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola: Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su adre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. »
Se puso en camino a donde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo:
- Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo
Pero el padre dijo a sus criados:
- Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Este le contestó:
- Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.
El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre.
- Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado
El padre le dijo:
- Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado.
Extraido de: Dad. www.Camilos.es

sábado, 9 de marzo de 2013

Entrevista a Carlos Amigo, Cardenal

«La Iglesia no debe buscar el poder ni el aplauso»
 CARLOS AMIGO
El Mundo
El arzobispo emérito de Sevilla es un veterano en esto de elegir Papas. Con porte de príncipe de la Iglesia y voz de locutor, este franciscano de 78 años tiene claro el perfil del sucesor de San Pedro. El cardenal Tarancón le llamaba 'el amigo Amigo'. Un gran apellido para ser Papa, aunque él dice que no es papable.
Pregunta.- ¿Qué opina sobre la renuncia de Benedicto XVI?
Respuesta.-En un principio fue una gran sorpresa. Cuando me lo dijeron pensé que me tomaban el pelo. Luego vi la coherencia de una persona que no puede prestar su servicio a la Iglesia «adecuadamente». Es un gesto muy valiente que ha sido aplaudido por unos y otros.
P.- Pero la prensa ha vinculado su dimisión con el caso Vatileaks.
R.-¿Se ha enterado usted a través de estos papeles de algún secreto de Estado importante? Hay una carta de uno de los obispos del Vaticano que dice al Papa: «Estoy preocupado por la administración de esto». Pero de ahí a suponer que hay un polvorín a punto de estallar...
 
P.- Entonces ¿por qué ha renunciado Benedicto XVI?
R.- Lo que ha influido [en su renuncia] no es lo que dejó atrás, lo que ha influido es lo que queda por venir. Las causas hay que mirarlas más en el futuro que en el pasado.
P.-Cuando el Papa habla de 'hipocresía religiosa', ¿a qué se refiere?
R.- A que en la Iglesia no debemos buscar el poder, el aplauso. Que no podemos buscar hacer carrera dentro de la vida eclesiástica. Pero cosas así claro que las hay, las ha habido y las seguirá habiendo por muy santa que sea la institución.
P.- ¿Qué perfil debe tener el futuro Pontífice?
R.- Tiene que ser una persona abierta y comunicativa, que lleve a Dios en la boca y en el corazón.
P.- Pero Benedicto XVI no era muy comunicativo…
R.- Los que le conocemos desde hace años sabemos que es una persona de gestos muy sencillos y de acciones tremendas.
P.- El Papa destapó muchos casos de pederastia. ¿Cree que han hecho daño a la Iglesia?
R.-Pues claro, es una cosa muy grave. Benedicto XVI lo dijo: «Tenemos que ajustarnos a la Justicia y al Derecho». Y ha dado normas para que este tipo de casos no vuelvan a repetirse. Ha dado normas precisas para la selección de candidatos, para cortar las cosas antes de que puedan producirse.
P.- ¿Debe el cardenal Mahony asistir al Cónclave?
R.-Los cardenales tienen la obligación del ir mientras lo sean. Sólo el Papa puede quitar el capelo cardenalicio.
P.- ¿Qué Papa necesita la Iglesia en este momento?
R.- Lo que no podemos caer es en la trampa de un solucionador de los temas inmediatos. Porque lo que hoy es un problema, mañana no lo es. No necesitamos un técnico o un solucionador de problemas.
P.- ¿Y está la Iglesia preparada para un Papa del Hemisferio sur?
R.- La Iglesia está preparada para recibir a un timonel y le importa un comino el color de la cara.
P.- ¿Se habla de algún candidato más que de otro?
R.- He hablado estos días con los cardenales y comentamos: «¿De quién se habla, de quién no se habla?». Estas cosas. Pero una vez comience el Cónclave no se podrá hablar de nada.
P.- ¿Con qué tres pecados se va a encontrar el nuevo Pontífice en la Iglesia?
R.- Uno, asustarnos mucho ante el trabajo que tenemos que hacer como si Dios no existiera. Dos, pensar que la Iglesia comienza con nosotros. Y tres, el pecado de pensar que somos un grupo técnico que debe resolver los problemas. La Iglesia existe para evangelizar y de lo contrario no tiene razón de ser.
P.- ¿Y qué opina de la sustitución del banquero de Dios?
R.- ¿Conoce usted algún banco en el que el director sea vitalicio?
P.- Reconozca que hay falta de transparencia en el caso Vatileaks.
R.- Dígame: ¿dónde está la falta de transparencia? Una cosa es que haya pasado y otra cosa es que haya pasado lo que se dice. A este señor [el mayordomo] le ha juzgado ya el tribunal del Estado Vaticano.
P.- Pero no es creíble que actuara sólo con ese perfil...
R.- Pero para hacer dos fotocopias, ¿hace falta un complot? Cada uno es libre de imaginar, pero la Historia no se escribe con imaginación sino con el documento.
P.- ¿Ha pensado a quién votar?
R.-No, hay que estar atento a la voz del Espíritu Santo, que habla por mediaciones humanas.
P.- ¿Conoce a todos los candidatos del Cónclave?
R.- Nos conocemos todos de sobra y tenemos mucha relación.
P.- ¿Y no se hacen grupos a favor de un cardenal concreto?
R.- No. Ésa es mi experiencia del último Cónclave o será que por mi carácter no me presto a estas cosas. Unos te dicen: «Éste está cerca del Opus Dei, éste está cerca de Comunión y Liberación…». Bueno, todos saben que yo soy franciscano...
P.- ¿Y ve alguna oportunidad para los purpurados españoles?
R.- En lo que respecta a un servidor, ninguna en absoluto. Ni posibilidad ni deseo [risas].

viernes, 8 de marzo de 2013

La fuerza del Amor


M Carmen Fernandez - Boletin de Pastoral Familiar LAICONET


La familia española está sufriendo una serie de cambios que no sabemos qué consecuencias tendrá en el futuro. La inestabilidad en que se encuentran muchos matrimonios, la facilidad con que se rompen, son aspectos preocupantes.

Es frecuente oír decir que el matrimonio es una cuestión de amor. Si se acaba el amor, se acaba el matrimonio. Depende de lo que se entienda por amor. Si por amor entendemos el enamoramiento, este por muy maravilloso que sea, es demasiado frágil y quebradizo. Basar el amor exclusivamente en los sentimientos es trivializar el matrimonio. Los sentimientos cambian continuamente dependiendo de muchos factores: cansancio, estrés, estados de ánimos…

Es evidente que los sentimientos están relacionados con el amor y también es cierto que el crecimiento en el amor, necesita un buen clima emocional. Sería por tanto fatal identificar amor con sentimientos. Pero sería igualmente fatal para una relación amorosa la ausencia de sentimientos cálidos y afectuosos que apoyen el amor. El enamoramiento es el principio, el empujón, es la chispa que inicia un proceso que paulatinamente ha de dar paso a la maduración del amor, al AMOR con mayúsculas.

El verdadero amor es aquél que es entendido más que como mero sentimiento, como un encuentro que implica la voluntad y el entendimiento. (Deus Caritas est 17) El amor conyugal conlleva el comprender al otro, compartir sus preocupaciones y sus proyectos, buscar su bien y su felicidad, alegrarse con él, sufrir con él, crecer con él, entregarse del todo a él.

El amor conyugal es reciproco, es acogida y entrega a una persona a la vez que esa persona te acoge y se entrega a ti. Es el amor que ama del todo al otro y a la vez cuenta con todo el amor del otro, confía y se apoya en el otro y, a pesar de las dificultades que van surgiendo a lo largo del tiempo, se mantiene ilusionado y comprometido.

Este amor no nace por inercia, hay que ir construyéndolo día a día. Cuando una persona se va llenando de amor no solo crece su capacidad de amor hacia el otro, sino también su capacidad de amar. El amor pide siempre respuesta, pero el cónyuge se puede encontrar con que la persona amada no responde como él esperaba, pudiendo sentirse traicionado, decepcionado, no correspondido porque no encuentra una respuesta en la persona amada. La vida matrimonial exige una actitud de comprensión de la debilidad del otro, de paciencia, de disponibilidad para la reconciliación. Casarse con una persona es estar dispuesto a perdonarle siempre, todas las veces que sea necesario y olvidar la ofensa. La infidelidad, el enfriamiento, la ruptura no es algo que sucede de pronto, de manera imprevista. Es siempre algo que se viene gestando día a día cuando la relación se va contaminando de egoísmo, pequeñez, resentimientos, interés, venganzas, rechazos…

Sólo por la fuerza del AMOR se llegará a realizar el proyecto de matrimonio y familia feliz gestado y soñado en lo más profundo de dos personas que deciden compartir sus vidas para siempre.

jueves, 7 de marzo de 2013

Cuaresma, un tiempo para mirar


  • La Cuaresma es un tiempo para mirar. Esta es la propuesta que me brota por dentro. Es un tiempo para convertir la mirada al estilo de Jesús, para pasar esta temporada fijándonos en lo que vivimos, en aquellas cosas que forman parte de nuestra vida.
    La Iglesia nos propone el ayuno. No sé si la novedad está en reducir lo que comemos, lo que ingerimos casi por intuición mecánica. Pero también el ayuno tiene que ver con la mirada. Con mirarse a uno mismo. Con fijarse en aquello que nos alimenta. El ayuno, puede ser quizás, la práctica de mirarnos con más compasión. O con quitarnos de nosotros aquella mirada que nos destroza por dentro. Que nos hace daño. Que nos impide ser nosotros mismos.
    La otra propuesta es la limosna. Dar lo que tenemos; no lo que nos sobra, se nos recuerda. Pero dar limosna tiene que ver con cómo miramos a los que tenemos al lado. Tiene que ver con regalar al otro una mirada de consuelo, de acogida, de sonrisa. Una mirada que transmita en este tiempo que la Vida con mayúscula es posible. Esto es darte.
    Y cómo no, la propuesta por excelencia para este tiempo. Esa que no podemos olvidar. La oración. Y ahora, va uno y hace un poco de silencio. Deja retumbar dentro de sí la pregunta ¿y tú desde dónde miras? Lo que la Iglesia nos propone para la Cuaresma es que seamos capaces de mirar desde Dios. Que fijándonos en el Señor Jesús, seamos capaces de mirarnos con más bondad, de mirarles con más cariño.
    Cuaresma es un tiempo para dejarnos mirar por Dios, para descubrir la mirada en cada hermano y aprender nosotros a mirar como Dios mira… porque una mirada suya, bastará para convertirme y creer en el evangelio, en Buena Noticia.
  • David Cabrera sj...http://www.pastoralsj.org

viernes, 22 de febrero de 2013

Amar Peligrosamente , Pelicula



       El cómodo mundo de Sarah Jordan (Angelina Jolie), una ingenua americana residente en Londres, da un vuelco cuando Nick Callahan (Clive Owen) se cuela en un baile para recaudar fondos y hace un apasionado alegato a favor de los niños hambrientos de África. Atraída por Nick y su causa, Sarah abandona las comodidades de su residencia londinense para viajar a aquel destrozado continente, decidida a ver la realidad del mundo y experimentar la pasión que Nick ha despertado en ella. Pero Sarah no tarda en darse cuenta de la dura realidad de la vida de Nick cuando ve las condiciones en las que trabaja. Asombrada por el peligro al que se enfrenta todos los días, Sarah se compromete cada vez más con este hombre cautivador y absolutamente entregado a su trabajo. Sarah regresa a Londres y se dedica a recaudar fondos mientras intenta resucitar su matrimonio...

miércoles, 20 de febrero de 2013

Hubo un tiempo


Hubo un tiempo de mi vida
en el que estuve convencida de la fuerza de la denuncia,
en el que creía que había que desenmascarar injusticias,
cayera quien cayera.
Hay que enfrentar a cada persona con su verdad, pensaba,
hay que ser exigentes , firmes, claros;
Para cambiar a una persona, hay que hacerle ver sus fallos,
hay que ayudarle a conocer
sus obligaciones y responsabilidades.
Sin darme cuenta, me situaba en el grupo sombrío
de los que juzgan, exigen y condenan,
de los que murmuran de Jesús
porque comía con gentuza
y no les recordaba el cumplimiento de la Ley
ni les reprochaba su conducta.

La vida y, sobre todo el Evangelio, su Palabra, me han ido enseñando
que ese es un camino cojo
porque la verdad, sin amor, deja de ser verdad.
He ido aprendiendo que todos nos defendemos y nos blindamos
cuando, desde fuera, pretenden invadirnos o cambiarnos.
En cambio, cuando alguien se nos acerca
sin pretender nada de nosotros, gratuitamente,
cuando alguien nos ofrece su respeto y su confianza,
cuando el mensaje que leemos en sus ojos
es que está dispuesto a querernos tal como somos
y a aceptarnos sin condiciones,
entonces se esponja en nosotros
nuestra identidad más verdadera,
y florece lo mejor que llevamos dentro.
Sólo entonces comenzamos a creer que nos es posible cambiar,
sólo entonces recobramos la confianza en nosotros mismos,
sólo entonces se realiza el milagro
de ser también nosotros capaces de confiar en los demás.

Sólo entonces Alguien nos llama por nuestro nombre
y nos invita a transformar este mundo,
lleno de zarzas y de maleza en una tierra acogedora,
en la que nadie se sienta excluido.
Sólo entonces mi vida entera y la de mis hermanos se convierte
en un camino duro y trabajoso, lento y paciente, hacia esa meta.
Pero en medio del esfuerzo y las dificultades,
contamos con una ráfaga que nos viene de otra parte,
con el Espíritu de Dios mismo
que impulsa nuestro peregrinar hacia el horizonte.
Y no tengo otra misión que la de convertirme
en cauce de ese amor, en canal de acogida, comprensión,
que no es mía, que no es nuestra
pero que nos habita.

 

 

domingo, 3 de febrero de 2013

Dios te llama.



La llamada del Señor es personal, dirigida en concreto a mí. No es una pura invitación a voleo. La Biblia subraya este carácter personal llamando a los elegidos por su nombre: Abraham, Moisés, Samuel, Simón, María… Yo con mis deseos y mis miedos, con mis cualidades y limitaciones, con mi historia pasada y mi futuro abierto, he sido lla-mado por una llamada que aconteció en un momento de mi vida, pe-ro permanece para siempre. "Señor: tú has dicho mi nombre".

Esta llamada del Señor hace diana en el centro de la persona y desde allí va transformando toda la vida del llamado por fuera y por dentro. Por fuera se rompen los planes previos (profesión, vida afectiva). Por dentro, el corazón queda "tocado". Nacen otros objetivos, otros moti-vos, otros valores. Nace un hombre nuevo, una mujer nueva. La Bi-blia refleja en ocasiones este nuevo nacimiento con un recurso: Dios cambia el nombre al llamado: Abrán es ya Abraham, Jacob es Israel, Simón es Pedro, Saulo es Pablo.

La llamada del Señor hace que los llamados, siendo iguales, seamos "diferentes". Nos convertimos como los profetas, como Jesús, en ex-traños entre los nuestros. Nuestro criterio y nuestra sensibilidad ante los bienes materiales, el poder, el éxito personal son diferentes de los imperantes. Nos entristecen la superficialidad religiosa, los ídolos de la gente, la insensibilidad para con los pobres. Esta extrañeza nos hace sufrir (cfr. Jn. 20,7-9)

La llamada del Señor postula la entrega de todo el corazón y de toda la vida del llamado. La irrupción de Jesús en nuestra vida es tal que ya no sabemos ni queremos ni podemos existencialmente dedicar nuestras energías a otros intereses que los vinculados a la llamada. Este es el caso de Pablo y de tantos otros. El Nuevo Testamento no conoce para los llamados una "electrólisis" entre mi vida privada y el cumplimiento de mi ministerio. Todo queda consagrado. Consagrarse es entregarse totalmente (toda la persona) definitivamente (para to-da la vida) y exclusivamente (para un único servicio)

Una llamada tan radical despierta simultáneamente en nosotros el atractivo y el miedo, el deseo y la resistencia, el acelerador y el fre-nado del corazón humano.
"Soy tartamudo" dirá Moisés. "Soy todavía un niño que no sabe hablar" responderá Jeremías. "Otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieres" escuchará Pedro. El miedo a "perderse a sí mismo" y el sentimiento de desproporción entre la magnitud de la tarea y la limitación e indignidad convierten el corazón del llamado en un campo de batalla. "Quiero vivir a mi aire, ser como todos". Y a pesar de todo vuelve la pregunta, el atractivo, el consuelo, la volun-tad de entregarse.

Llamada acompañada de una promesa que se repite en el Antiguo y Nuevo Testamento:
"yo estaré contigo, con vosotros, hasta el final". No nos promete éxitos ni comodidades. Sí su apoyo y compañía cons-tantes. Más bien nos asegura que habrá cruz. Pero también la alegría como estado habitual

Hermanos y amigos: hemos sido llamados, convocados. Seamos también vocantes e invocantes.