martes, 10 de abril de 2012

Quien quiere resucitar a este mundo que se muere


Cuantas veces en el noviciado y en los grupos de Com, en el voluntariado y en las Pascuas hemos cantado esta canción tan emblematica de Brotes de Olivo, El Aleluya que sale del corazón de quienes lo cantan...Quien quiere resucitar a este mundo que se muere, quien cantará el Aleluya de esta nueva luz que viene.. Quien cuando mire la tierra y las tragedias observe, sentirá en su corazón el dolor de quien se muere, quien es capaz de salvar a este mundo decadente y mantiene la esperaza de los muchos que la pierden...


domingo, 8 de abril de 2012

AMANECER


En la noche del
sábado, alguien no dormía,
tenía
presentimientos.
Alguien soñaba: una
fuente en medio del desierto,
rodeada de macetas,
flores rojas y
blancas,
y el agua cantando
de alegría.
Alguien sentía en
el corazón un fuego
y quería ir al
sepulcro para apagarlo.

Al amanecer, cuando
aún estaba oscuro,
fueron mujeres al
sepulcro
con ungüentos
escogidos para Cristo.
¡Habían sido muchas
las heridas!
Yo ungiré las
heridas de sus pies
que tantos caminos
recorrieron de paz y de perdón,
y las iré besando
arrepentida.
Yo ungiré las
heridas de sus manos,
manos amistosas que
tanto bien hicieron.
Y las iré besando
agradecida.
Yo ungiré la de sus
Costado, Corazón que tanto amó,
y no me cansaré de
besarlo enamorada.

¿La losa? Ya
veremos, que vengan los ángeles a ayudarnos.
Veremos... Pero ya
no vieron más que luz,
una luz creciente,
las cegaba e invadía
¡y el perfume! ¿No
llevaban ellas los ungüentos?
La tumba estaba
abierta,
pero ellas
respiraban un perfume irresistible.
¿Qué nos pasa?
Estamos resplandecientes.
Es que ha pasado un
ángel del Señor.
Les entraban ganas
de reír y de llorar.
Yo he visto a dos
ángeles del Señor.
¿Es que estamos
locas?
Es que pasa él, que
es la Pascua,
que está pasando el
Señor,
y estamos en su amor
resucitados

lunes, 2 de abril de 2012

No perder la identidad


JOSÉ ANTONIO PAGOLA SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
- Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad. Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la "cultura del intercambio". Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Eric Fromm llegó a decir que "el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea". La gente capaz de amar es una excepción.Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros. Si la Iglesia "se está diluyendo" en medio de la sociedad contemporánea no es sólo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

CRISTIANO SÍGUELO


Esta noche mientras dormía,

tú voz he oído Señor

eras tú quien me decía,

sal de tu tierra y ven junto a mí

Ha sido un sueño, que sé yo

tu extraña voz me despertó, y que extraño mensaje;

déjalo todo y sígueme, sígueme.

Pero cómo quieres que lo haga Señor, mi tierra mi trabajo dejando yo

no puedes pedírmelo, estoy tan implicado y la voz que suena en mi interior.

Y dices tú que eres cristiano.

Debes pensar que un sueño fue

pero no Él te está hablando, puedes oírlo o no, pero necesita de tus brazos

dáselos, dáselos.

CRISTIANO SÍGUELO, NO USES MÁS SU NOMBRE

CRISTIANO ES QUIEN LE SIGUE Y NO, EL QUE NO RESPONDE.

Esta noche mientras dormía, tú voz he oído Señor

que quieres que te diga, tú lees mi corazón,

y sabes que nunca diría no, sabes que nunca diría no.

miércoles, 28 de marzo de 2012

la estrella de la vocación


Si yo tuviera que decir cuál es la mayor de las bienaventuranzas de este mundo señalaría, sin vacilar, que la de poder vivir de lo que uno ama. A continuación añadiría que una segunda y formidable bienaventuranza, aunque de segunda clase, es llegar a amar aquello de lo que uno vive.

Pero, curiosamente, parece que son pocos los que disfrutan de la primera y no muchos más los que conquistan la segunda. Porque charlas con la gente y casi todos te hablan mal de sus trabajos.- son abogados, pero sueñan ser escritores; médicos, pero les hubiera entusiasmado ser directores de orquesta; obreros, pero habrían sido felices siendo boxeadores o futbolistas. Son pocos, en cambio, los que reconocen haber nacido para ser lo que son y los que no se cambiarían de tarea si volvieran a nacer. Pero aún es más grave descubrir que un altísimo porcentaje de los humanos se muere sin llegar a descubrir cuál era su verdadera vocación. Y uso esta palabra en todo su alto y hermoso sentido.

Todos hemos sido llamados, por de pronto, a vivir. Fuimos, después, llamados al gozo, al amor y a la fraternidad, otras tres vocaciones universales. Y fuimos finalmente llamados a realizar en este mundo una tarea muy concreta, cada uno la suya. Todas son igualmente importantes, pero para cada persona sólo hay una -la suya- verdaderamente importante y necesaria. Porque la vocación no es un lujo de elegidos ni un sueño de quiméricos. Todos llevan dentro encendida una estrella. Pero a muchos les pasa lo que ocurrió en tiempos de Jesús: en el cielo apareció una estrella anunciando su llegada y sólo la vieron los tres Magos.

Efectivamente, no es que la luz de la propia vocación suela ser oscura. Lo que pasa es que muchos las confunden con las tenues estrellas del capricho o de las ilusiones superficiales. Y que, con frecuencia, como les ocurrió también a los Magos, la estrella de la vocación suele ocultarse a veces -y entonces hay que seguir buscando a tientas- o que avanza por los extraños vericuetos de las circunstancias. Y, sin embargo, ninguna búsqueda es más importante que ésta y ninguna fidelidad más decisiva. Todas las grandes cosas o salen de una pasión interior o amenazan inmediata ruina.

Supone después capacidad, coraje y lucha. Una vocación no es un sueño, un caprichillo pasajero, menos un afán de notoriedad. Todas las aventuras espirituales son calvarios. Y el que se embarque en una verdadera vocación sabe que será feliz, pero no vivirá cómodo. Supone, sobre todo, terquedad en la entrega. Un escritor que se desanima al segundo fracaso mejor es que no intente el tercero, porque no nació para eso. Sólo tiene vocación el que no sería capaz de vivir sin realizarla. Pero benditos los que saben adónde van, para qué viven y qué es lo que quieren, aunque lo que quieran sea pequeño. De ellos es el reino de estar vivos.

José Luís Martín Descalzo (Razones para la alegría)

sábado, 24 de marzo de 2012

Te prometo. Campaña del Seminario 2012

Te prometo que tienes una vocación y que puedes descubrirla, secundarla, y vivirla íntegramente. Te prometo que si escuchas y permaneces abierto a la Palabra, alcanzará tu corazón cuando menos te lo esperes y no te abandonará jamás. Te prometo que esta vocación te centrará decididamente en lo más -y único- importante de la vida, y que sentirás más de una vez que todo tiene sentido. Te prometo que las fuerzas, para quien responde a Dios y se deja conducir, no serán sólo las suyas, las que se entusiasman un día y al siguiente desaparecen, sino que saldrán del interior y de lo profundo con vigor. Te prometo que llegarás a lugares del corazón del hombre que no se han pisado hasta ese momento, y que recibirás sabiduría e inteligencia para hacerlo con delicadeza, con mucho amor y respeto por quien tienes delante. Te prometo que no pasearás por el mundo solo y sin familia, y que cualquier ciudad del mundo, o pueblo, se llenará para ti de hermanos y hermanas, de padres y madres que cuidarán de ti, te harán sentirte en casa. Te prometo que el trabajo y el tiempo serán algo más que trabajo y tiempo, y que medirás la realidad con unos criterios bastante diferente a los acostumbrados. Te prometo que tomarás decisiones que te admirarán y sorprenderán a ti el primero. Te prometo que el mundo será un misterio que aprenderás a escrutar e investigar con respeto, y mucho más la persona, para ti infinita y permanente. Te prometo que, si es lo que Dios quiere para ti, el miedo aparecerá y podrás superarlo, querrás superarlo, vivirás para Alguien y no para algo, por Alguien y no por algo, en Alguien y no algo.





Te lo prometo, no en mi nombre y por mí, sino con la experiencia de mi propia vocación, de mi propia respuesta, de mis debilidades y fortalezas, de mis grandezas y pequeñeces, de todo cuanto se me hace fácil y de aquello en lo que no soy capaz de avanzar y tropiezo a menudo. Te lo prometo, pasándote el relevo que a mí me dieron, que no es nuestro sino del Señor, del Dios vivo y verdadero, del mismo Jesucristo que nos reúne y se hace presente en la Eucaristía, en la Palabra, en el misterio de la Iglesia, en los pequeños y en los pobres, y en cada acontecimiento… Te lo prometo en su nombre, no en el mío. Te prometo que, si respondes con libertad y confianza, será tu horizonte, tu realidad, tu existencia, tu camino, tu verdad, tu todo. Ahora, que has escuchado, te toca responder a la promesa. Si es lo que Dios quiere, te va la vida en ello. La tuya, y la de otros que te necesitarán, te escucharán, te sentirán cerca.

viernes, 16 de marzo de 2012

Me gusta la gente que vibra

Estas palabras del Maetro Benedetti son para leerlas muy despacio... Seguro que te ves reflejada/o en ellas.

martes, 13 de marzo de 2012

El prójimo como pobre

Mi prójimo es aquel que tiene derecho a esperar algo de mí.

Aquel que Dios pone en el camino de mi historia personal. En algún sentido todo hombre es

potencialmente prójimo (aunque viva en otro continente y yo nunca lo haya encontrado),

pero prójimo real e históricamente es el que yo encuentro en mi vida pues sólo en este caso

hay derecho al acto del amor fraterno. La fraternidad cristiana es una disposición a hacer

de cualquier persona (mi prójimo), si se presenta la ocasión.

El prójimo es el necesitado. En la parábola del samaritano el necesitado es un judío

expoliado y herido. En la parábola del juicio final (Mt 25,31ss) es el hambriento, el sediento,

el enfermo, el exiliado, el encarcelado. En forma muy especial, el prójimo es el pobre, en el

cual Jesús se revela como necesitado. «Lo que hicieron con algunos de estos mis

hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40).

Hay necesitados (pobres) «ocasionales» y «permanentes». No sabemos si el judío

herido de la parábola era sociológicamente pobre; podemos incluso presumir que no lo era,

ya que si fue robado es porque llevaba dinero. Pero en el momento del encuentro con el

samaritano era un pobre y necesitado. Tenía derecho a ser tratado como prójimo. Los ricos

y poderosos son mis prójimos cuando necesitan de mí, aunque sea ocasionalmente. Dar

ayuda a un capitalista o un gobernante perseguido por cambios políticos, cualquiera que

sea su ideología, es un deber cristiano; es tratarlo como prójimo.

Pero la mayoría son pobres y necesitados «permanentes». Son

explotados, marginados y empobrecidos por la sociedad. Son los discriminados por las

ideologías y por el poder. La opción por el pobre que nos ordena el Evangelio es servir a

ese prójimo no sólo como personas, sino como situaciones sociales. Hoy nuestro prójimo

es también colectivo. El judío herido y empobrecido es una situación permanente. Son los

obreros, los campesinos, los indios, los subproletarios...

La opción cristiana no es por la pobreza, porque la pobreza no existe como tal. La opción

es por el pobre, sobre todo el pobre «permanente», que está en mi camino y que forma

parte de mi sociedad, el cual tiene derecho a esperar de mí. El hecho del pobre como

prójimo colectivo le da a la caridad fraterna su exigencia social y política. Para el Evangelio

el compromiso sociopolítico del cristiano es a causa del pobre. La política es la liberación

del necesitado.

viernes, 2 de marzo de 2012

LIBERAR LA FUERZA DEL EVANGELIO


.- El relato de la "Transfiguración de Jesús" fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.

La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado. Escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.

Este mensaje de Jesús, encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.

Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.

Sin embargo, también hoy, lo único decisivo que podemos ofrecer los cristianos a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús, y su proyecto de una vida más sana y digna. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Evangelio.

Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.

Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.

Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años, nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.

2 Cuaresma (B) Marcos 9, 2-10

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).