domingo, 31 de julio de 2011

Derrochando Vida



¿Cuándo logramos desplegar lo mejor de uno mismo? Hay experiencias que son como auténticos regalos, que de forma sorprendente e inesperada, nos permiten descubrirnos, más allá de nuestras propias contradicciones y debilidades, seres profundamente amados.
Dios es así. Se nos regala. Su paciencia y compasión, hacen de nuestra propia fragilidad, una oportunidad de experimentar esa bondad derramada, y a la vez, ser reflejo de una forma de situarse en el mundo, apostando por lo más débil.
Cuando uno se siente valorado, aceptado tal y como es, cuando uno siente la necesidad de no ocultar nada, ante quien sabe que le ama, se despiertan dinamismos internos que nos llevan a ofrecernos a los demás. La gratuidad y el servicio forman parte de ese dinamismo interno.
En Jesús podemos descubrir una forma de mirar y acercarnos al mundo, a las personas que nos rodean, y a nosotros mismos. Sus gestos, su palabras, sus opciones, nos recuerdan una realidad básica de nuestra existencia, somos seres amados, Dios no es indiferente a nuestras heridas y alegrías, y solo espera de nosotros que correspondamos, siendo bendición para quienes nos acompañan en el camino de la vida, los hombres, nuestros hermanos.
Que nuestras vidas, con sus cojeras, sean sorpresa, regalo, y bendición (decir-bien- de -ti) para quienes nos rodean. Que Tu paciencia sea mi paciencia, y que Tu compasión despierte, en cada uno, la pasión por quienes más nos necesitan. Gracias, tenemos mucho que ofrecer.

viernes, 15 de julio de 2011

Cardenal Maradiaga

(Tomado del libro Hacerse a la mar, de Ciudad Nueva).- Navigare necesse est: no hay alternativa. Hay que hacerse a la mar. El capitán ha gritado claramente: Duc in altum, suponiendo que estamos listos para empezar la travesía. La brújula ha sido ajustada en la dirección exacta de Aquel que dijo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida».
Ahora todos y cada uno de nosotros debe ir a cumplir la tarea que en la navegación le ha sido encomendada. Un gran escritor portugués, Pessoa, preguntaba a sus alumnos en la universidad de Coimbra: «¿Para qué sirve un barco?», y sus alumnos, con un gran optimismo, le contestaron: «Para navegar». Pessoa, el gran pensador, los recriminó: «Eso es falso; un barco no sirve para navegar sino para conducir a los pasajeros y a la tripulación a buen puerto».
Y eso es cierto, y nosotros sabemos muy bien que con los valores exhibidos en los banderines que distinguen nuestra nave y nuestro viaje habremos de llegar a ese puerto prometido de «justicia, de amor y de paz» del que nos habla la «Buena Nueva» del Señor Jesucristo.
Todos nosotros estamos convocados a crear espacios para que fructifique «la civilización del amor». Todos nosotros tenemos el compromiso de «ser constructores de una Nueva Sociedad». Y yo vengo aquí, ante ustedes, hermanas y hermanos líderes en la pastoral social, a repetirles la orden que impartió, para todos los que creen en nuestros valores, el siervo de Dios Juan Pablo II: Duc in altum. No podemos postergar más tiempo el viaje; es la hora de los riesgos pero también es la hora del coraje; es el momento de los compromisos y de los testimonios.
No hay alternativa: es preciso comenzar a construir la historia. Es una fuente, es una actitud que me hace forjar proyectos. Esperar no es aguardar; es forjar. El futuro no nace: se hace. Hay que forjarlo, fraguarlo. Es una virtud. Es una fuerza.

Pagola escribe sobre la Palabra de Dios

 
- Con una audacia desconocida, Jesús sorprendió a todos proclamando lo que ningún profeta de Israel se había atrevido a decir: "Ya está aquí Dios con su fuerza creadora de justicia abriéndose camino en el mundo para hacer la vida de sus hijos más humana y dichosa". Es necesario cambiar. Hemos de aprender a vivir creyendo en esta Buena Noticia: el reino de Dios está llegando.
Jesús hablaba con pasión. Muchos se sentían atraídos por sus palabras. En otros surgían no pocas dudas. ¿No era todo una locura? ¿Dónde se podía ver la fuerza de Dios transformando el mundo? ¿Quién podía cambiar el poderoso imperio de Roma?
Un día Jesús contó una parábola muy breve. Es tan pequeña y humilde que, muchas veces, ha pasado desapercibida para los cristianos. Dice así: «Con el reino de Dios sucede como con la levadura que tomó una mujer y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó fermentado».
Aquella gente sencilla sabía de qué les estaba hablando Jesús. Todos habían visto a sus madres elaborar el pan en el patio de su casa. Sabían que la levadura queda "escondida", pero no permanece inactiva. De manera callada y oculta lo va fermentando todo desde dentro. Así está Dios actuando desde el interior de la vida.
Dios no se impone desde fuera, sino que transforma a las personas desde dentro. No domina con su poder, sino atrae con su amor hacia el bien. No fuerza la libertad de nadie sino que se ofrece para hacer más dichosa nuestra vida. Así hemos de actuar también nosotros si queremos abrir caminos a su reino.
Está comenzando un tiempo nuevo para la Iglesia. Los cristianos vamos a tener que aprender a vivir en minoría, dentro de una sociedad secularizada y plural. En muchos lugares, el futuro del cristianismo dependerá en buena parte del nacimiento de pequeños grupos de creyentes, atraídos por el evangelio y reunidos en torno a Jesús.
Poco a poco, aprenderemos a vivir la fe de manera humilde, sin hacer mucho ruido ni dar grandes espectáculos. Ya no cultivaremos tantos deseos de poder ni de prestigio. No gastaremos nuestras fuerzas en grandes operaciones de imagen. Buscaremos lo esencial. Caminaremos en la verdad de Jesús.
Siguiendo sus deseos, trataremos de vivir como "fermento" de vida sana en medio de la sociedad y como un poco de "sal" que se diluye humildemente para dar sabor evangélico a la vida moderna. Contagiaremos en nuestro entorno el estilo de vida de Jesús e irradiaremos la fuerza inspiradora y transformadora de su Evangelio. Pasaremos la vida haciendo el bien. Como Jesús. (Eclesalia)
 

miércoles, 13 de julio de 2011

Orar: silencio, espera,encuentro...

Existen muchas definiciones para la expresión Orar o hacer. El Dios de la Vida se hace presente en tu silencio. Tu vida espera que el Jesús mas humano se haga presente en tus entrañas.
Hoy la Palabra de la vida nos habla de la sencillez de Dios Padre y madre. Una Madre que nos da a conocer su misericordia, como gesto sencillo. Y un padre que solo sabe Consolar el corazón pequeño y limpio.
" Padre te doy las gracias porque has puesto tu Palabra en mi corazón."

lunes, 4 de julio de 2011

¡Enamórate! Todo será de otra manera



«Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida
qué es lo que te saca de la cama por la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera»



Padre Arrupe

sábado, 2 de julio de 2011

La Vocación al Amor



Vocación, esta llamada al Amor que se dona, es lo que explica, en la raíz, el misterio de la vida de la persona, misterio de predilección y gratuidad absoluta. De hecho, existe una criatura en la que el diálogo entre la libertad de Dios y la libertad del hombre se realiza de modo perfecto, de manera que las dos libertades puedan actuar realizando plenamente el proyecto vocacional. Una criatura que nos ha sido dada para que en ella podamos contemplar un perfecto designio vocacional, el que debería cumplirse en cada uno de nosotros. María es la imagen de la elección de toda criatura, elección que va más allá de lo que la criatura puede desear para sí: que le pide lo imposible y le exige sólo una cosa: fiarse.

Ella es modelo de la libertad humana en la respuesta a esta elección. Libre para pronunciar su sí, libre para encaminarse por la larga peregrinación de la fe.
La vida entendida como vocación es, por ello, la única concepción que hay de la vida como algo vivo. Fuera del amor no hay vida humana. Cualquier otra concepción de la vida reduce ésta a algo mecánico, rutinario. Desde esta llamada, la vida se convierte, por el contrario, en una gran aventura.

La conciencia de que la vida es un don no debería suscitar solamente una actitud de agradecimiento, sino que debería sugerir la primera gran respuesta a la cuestión fundamental sobre el sentido: la vida es la obra maestra del amor creador de Dios y es en sí misma una llamada a amar.

La persona es vocación a Cristo, por lo mismo, vocación a la Iglesia, conjunto de los que forman el Cristo actual. Si, pues, todo ser humano tiene su propia vocación desde el momento de su nacimiento, existen en la Iglesia y en el mundo diversas vocaciones que manifiestan la imagen divina impresa en el hombre. Vocación al matrimonio, al sacerdocio, al laicado, a la vida consagrada.

Centrándonos en esta vocación última. Consiste en una vida inspirada y plasmada en la vida de Jesús, de su existencia humana. Los Evangelios dan testimonio de ello, y nos narran que la existencia de Jesús fue, toda ella, según la voluntad de Dios, y por tanto fue una existencia que es para nosotros norma ante la cuál no hay alternativa.

El Consagrado/a sigue a Cristo casto, pobre y obediente, porque ha descubierto en Él una vida buena, bella y feliz. Esto no es sinónimo de simpleza sino de sencillez, aventura, riesgo, entrega, Pasión… (Continuará)